Mary Jane Chapin
Siguen ocurriendo curaciones espectaculares como resultado natural del mensaje de Jesús. Él desafió más aún las leyes de purificación judía, jamás rindiéndose a ellas, sino trascendiéndolas. Su atención seguirá estando puesta en aquellos marginados, los desterrados, los privados de sus derechos civiles, los impotentes. A ellos les será dada la bienvenida y serán sanados.
5:21-43 Habiendo cruzado ya de regreso a territorio judío, estaba Jesús caminando solo y rodeado por otra multitud de gente, cuando vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo... se postró a sus pies, y le rogaba mucho... Jairo, un hombre que estaba pasando por una gran adversidad, sin sentirse avergonzado, se arrodilló a los pies de Jesús—algo que era considerado indecoroso debido a su rango. Lo urgente de su situación eclipsó tales preocupaciones e incluso las diferencias doctrinales. Él le rogó diciéndole: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá. Y Jesús, fue, pues, con él.
La multitud que le seguía era testigo de estos actos públicos y le apretaban, luchando por encontrar un lugar desde el cual podía ver más de cerca los acontecimientos. De repente y sin previo aviso, comienza otra historia.
Una mujer sin nombre de la multitud también tenía una gran necesidad... desde hacía doce años padecía de flujo de sangre. Y no había podido ser ayudada por los médicos... antes le iba peor. Habiendo perdido su posición dentro de la comunidad de Jairo, ella era un paria, una víctima de las leyes de purificación, relegada a una vida de impureza a causa de su flujo crónico. Luego de doce años, sus amigos habían desaparecido como así también sus recursos. No tenía lugar en esa sociedad. Sin embargo, hay algo incontenible en su espíritu. Ella oyó hablar de Jesús. Impávida ante los peligros y las consecuencias que sobrevendrían al tomar contacto con los demás, vino por detrás entre la multitud. Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. Al igual que Jairo, su desesperación la forzó a arriesgarse. Pero a diferencia de Jairo, el cual hizo su petición de ayuda en público, ella trató de permanecer oculta. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, tocó el manto de Jesús y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.
Y Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? ¡Increíble! ¡La había descubierto! Docenas de personas lo habían rozado al pasar. Sin embargo, él sabía que ese toque había sido diferente y no podía ser ignorado. Ella había actuado con tanta valentía y seguridad. Su presencia y su curación debían de ser confesadas.
Jairo, en su carrera contra el tiempo, estaba casi desesperado. La vida de su hija pendía de un hilo, y Jesús se paró a preguntar: “¿quién me ha tocado?” Siempre prácticos, los discípulos pensaron que la pregunta de Jesús era absurda y le dijeron con gentileza: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? Ellos no comprendían el profundo significado de su pregunta.
Deseando obtener una respuesta, Jesús miró alrededor para ver quién había hecho esto. La mujer, dando muestras de un extraordinario valor, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Era de esperarse que como ella había transgredido las leyes de purificación, todos fueran corrompidos en el proceso. A causa de haberlo tocado, Jesús debía de haber sido contaminado y él tenía todo el derecho de descubrirla. Hubiera sido rápidamente condenada.
Sin embargo la expresión: “temiendo y temblando” modifica a esta otra: “sabiendo lo que en ella había sido hecho”, haciendo que su respuesta sea similar a la de los discípulos cuando el viento se aquietó mientras cruzaban el Mar de Galilea. Es un temor reverencial. A pesar de su confesión de toda la verdad, nunca nadie hizo comentarios acerca del problema de contaminación, así fue de completo el dominio que Jesús tenía sobre toda la situación. Ni fue contaminado por las impurezas, sino que las superó.
Mientras le dice “hija” con ternura, haciendo una conexión textual con la hija de Jairo, le dice: tu fe te ha hecho salva; ve en paz. Su fe, no una prenda de vestir, la había sanado, salvado y le había devuelto su bienestar. ¡Qué experiencia tan transformadora!
Pero la angustia estaba esperando a la vuelta de la esquina. Mientras él aún hablaba, Jairo recibió la noticia: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro? Parecía evidente que Jesús no había llegado a tiempo.
Pero Jesús de inmediato le dijo: No temas, cree solamente. Habiendo estado todo ese tiempo con Jesús, Jairo tal vez había sido testigo de la fe de la mujer y había visto sus poderosos resultados. Ahora se le pedía que se mantuviera firme con la misma fortaleza: “Pon a un lado tu temor, cree”.
Ellos llegaron a casa donde los deudos estaban ya haciendo lamentaciones con todas sus fuerzas. Jesús les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. Pero se burlaban de él, ridiculizándolo. Así como sus discípulos no habían entendido el significado de “¿Quién me ha tocado?” estos deudos no entendieron el significado de la expresión: “la niña no está muerta”.
A diferencia de la confesión de la mujer que había sido sanada en presencia de toda la multitud que los apretaba, este acontecimiento ocurrió en privado. Tomando al padre y a la madre de la niña y a tres de sus discípulos, Jesús entró donde estaba ella. De inmediato tomó a la niña de la mano, ignorando una vez más las leyes de purificación, las cuales en este caso se referían a tocar a un cadáver. Dijo: Niña... levántate. Ella así lo hizo, instantáneamente, y andaba... pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente.
Lo verdaderamente asombroso aún estaba por venir: él les mandó mucho que nadie lo supiese, algo que era verdaderamente imposible, considerando que los deudos ya habían anunciado su muerte y estaban seguramente esperando afuera para reírse nuevamente. Su completa recuperación es ilustrada por su orden de que se le diese de comer.
Las muchas conexiones existentes en el texto de estas dos historias intercaladas hacen que deban ser leídas en conjunto. Sólo así haremos que aparezcan la mayores lecciones. Las diferencias de posición social y de género entre Jairo y la mujer se desvanecen rápidamente cuando ambos individuos reciben lo que necesitan. Tampoco el tiempo dedicado por Jesús a esa mujer no causó dañó alguno a la hija de Jairo. Y cuando todo parecía perdido, se le ordenó a este hombre de autoridad que aprendiera a creer, tomando el ejemplo de esta impotente mujer! No hay limites para la bondad de Dios; la demostración de Jesús mostró que la presencia de Dios y Su cuidado son para todos.
6:1-6 Después, Jesús vino a su tierra, y le seguían sus discípulos. No había tenido contacto con su hogar desde el día en que los escribas le acusaron de tener el espíritu de Beelzebú y que su familia vino a buscarlo para sacarlo de allí; pero seguramente, ellos habían estado oyendo acerca de él.
Y llegado el día de reposo, se paró a enseñar en la sinagoga, para predicar las buenas nuevas, muchos, oyéndole, se admiraban, y no lo aceptaban.¿De dónde tiene éste estas cosas? No negaban la sabiduría ni los milagros que por sus manos eran hechos; pero para ellos no tenían sentido. Ellos conocían a su familia y cómo fue criado. Este es el carpintero, hijo de María, un hermano. Conocían a sus hermanas. Él había crecido trabajando con sus manos, había sido criado como la gente común. Era uno de ellos. Y se escandalizaban de él. Era tanta la discrepancia que no lo podían aceptar. Habían elegido rechazar sus declaraciones a pesar de las evidencias en contrario. Preferían mantenerse en su comodidad, sin cambios—y se mantendrán al margen.
Dándose cuenta de su rechazo, Jesús les respondió con una parábola: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa. Y aunque él se identifica como un profeta, esto no va a resolver el asunto. Otros han de preguntar, “¿Quién es este?”
Y no pudo hacer allí ningún milagro,... y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Por ahora, es Jesús el que se encuentra asombrado por la negativa de su propia gente a aceptar las buenas nuevas. Había encontrado que aquellos que estaban más cerca y eran los más queridos también podían ser los más obtusos. Los corazones receptivos no se encontraban precisamente entre aquellos con lazos familiares o de la infancia. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.
Los relatos de curaciones serán interrumpidas por la muerte de Juan el Bautista en la próxima entrega. Esta historia está intercalada entre la de la misión de curación de sus discípulos y otros relatos de los “milagros” de Jesús. ¿Será esta la manera en que Marcos quiere hacer una advertencia sobre el alto costo del discipulado?