Siempre había creído que Dios era malo, que tenía que tenerle miedo; me sentía acorralada por Él, temerosa. No obstante, anhelaba comprenderlo.
Un día alguien me habló de la iglesia de la Ciencia Cristiana aquí en Guadalajara, y poco después empecé a estudiar el libro Ciencia y Salud. Esto me ayudó a conocer a Dios realmente. Fue maravilloso, pues, descubrí al verdadero Dios, que es Amor, un Padre infinitamente tierno y perfecto que me protege todo el tiempo. Por aquel entonces, estaba pasando por un disgusto con mi esposo, de modo que me dediqué con más interés a leer este libro, en especial el capítulo sobre el matrimonio. Me maravilló comprobar que al poco tiempo de empezar la lectura observé una transformación en mi esposo, al igual que en mí. Empecé a verme como una verdadera hija de Dios, a Su imagen y semejanza, reflejando por derecho todas Sus cualidades.
Muy pronto tuve la oportunidad de poner en práctica lo que estaba aprendiendo, cuando descubrí que tenía una protuberancia en mi pierna derecha. Si bien mi esposo me sugirió que fuera al médico, yo quise comprobar que Dios sana a todo aquel que se acerca a Él. Esta famosa cita bíblica me ayudó mucho: “Dijo Dios, hagamos al hombre a nuestra imagen” (Génesis 1:26). Me aferré a esta idea, recordándola constantemente. Durante muchos días la hice mía, de pensamiento, de palabra y de obra. Tenía la seguridad de que esto realizaría la curación. A las tres semanas esa protuberancia desapareció por completo. Esto ocurrió hace 14 años. Estoy muy agradecida a Dios.
Sara Díaz Santana
Guadalajara, México