Estando en la oficina, hace más de un año, empecé a tener un malestar muy fuerte en el estómago, pero estaba tan ocupada que no le presté atención. Como al cabo de una hora el dolor ya era insoportable, comencé a orar para recurrir a la ayuda de Dios. Cuando iba manejando de camino a casa, que es un trayecto bastante largo, pensé que me desmayaría del dolor. Continué orando para encontrar fuerza en Dios, la Verdad. Cuando llegué, le pedí a mi esposo e hija que oraran por mí, y que llamaran a una practicista de la Ciencia Cristiana para que me apoyara.
En seguida me acosté y me puse a leer unas citas del libro Ciencia y Salud que la practicista me había sugerido. Asimismo mi hija empezó a cantarme himnos, incluso uno basado en un poema de Mary Baker Eddy. También mi esposo me recordó que resido y me muevo en Dios, como enseña la Biblia. Al rato el dolor se alivió un poco. De modo que seguí orando y luego me quedé dormida. A la mañana siguiente, le hablé a la practicista y me dijo: “Es importante que sepas que todo está bien, porque resides en Dios y nada puede afectarte”. Poco después, cuando bajé a tomar algo de alimento, el dolor había cesado completamente, sólo tenía una pequeña incomodidad.
Cuando leí la Lección Bíblica de esa semana, me llamaron la atención dos citas de Ciencia y Salud: Una está en la página 273: “La materia y sus pretensiones de pecado, enfermedad y muerte son contrarias a Dios y no pueden emanar de Él. No existe verdad material. Los sentidos físicos no pueden tener conocimiento de Dios y de la Verdad espiritual”. Pude ver que si la Verdad es Dios, que es Espíritu, todo lo material es ilusorio.
La segunda cita se encuentra en la página 330 y dice: “Dios es lo que las Escrituras declaran que es —Vida, Verdad y Amor. El Espíritu es el Principio divino, y el Principio divino es el Amor, y el Amor es la Mente, y la Mente no es buena y mala a la vez, porque Dios es Mente; por lo tanto, no hay, en realidad, sino una sola Mente, porque hay un solo Dios”. Esto me ayudó a comprender que Dios está siempre con nosotros, y que el Cristo, la idea espiritual de Dios, es la roca de la Verdad en la que afianzamos nuestra fe, nuestro conocimiento de lo Divino, y en esa roca sólo pueden entrar pensamientos buenos. No hay otro poder, sino la Verdad divina. Leí esa cita varias veces hasta que cesó todo el malestar.
Esa tarde pude comer y seguí estudiando. Al día siguiente, estaba como nueva, y el miércoles de esa semana relaté mi experiencia en nuestro servicio vespertino de testimonios.
Cuatro semanas después, estando yo con el estilista le pedí un café, y al terminar la bebida, el malestar volvió, aunque no tan fuerte como la primera vez. Me entró un poquito de miedo, pero me apoyé nuevamente en la oración, afirmando las verdades sanadoras que había aprendido de la Biblia y de Ciencia y Salud, hasta que llegué a casa. De inmediato, empecé a leer el primer artículo de la Ciencia Cristiana que encontré, tratando de absorber todo lo que leía para comprender más de la verdad espiritual de mi ser verdadero. Pronto me quedé dormida y cuando me desperté estaba totalmente libre, y el malestar no se ha vuelto a repetir.
La Ciencia Cristiana me ha enseñado que podemos cambiar la base de nuestra manera de pensar, espiritualizándola, y de esta forma sanarnos, sabiendo que no hay otro poder sino Dios, la Mente perfecta, en quien “vivimos, y nos movemos y somos” (Hechos 17:28).
Patty Chanona de Alarcón
México DF, México