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EXPLORAR – INSPIRAR – SANAR

Parte VII
Las obras poderosas
Enfrentando la tormenta y los demonios: Marcos 4:35-5:20

© Photostogo.com. Ilustración Digital: Viviane Stonoga/Duetto Comunicação.

Después de las enseñanzas impartidas por el Maestro en el Evangelio de Marcos, nos encontramos con una sección caracterizada por maravillosas historias de curación que surgen naturalmente del mensaje de Jesús y de su comprensión de Dios. A pesar de que ya se les ha dado a los discípulos explicaciones específicas de las parábolas, mostrarán que aún tienen mucho por aprender. Hallaremos que su comportamiento y sus preguntas son un tanto sorprendentes.

4:35-41 Al anochecer, luego de un largo día de enseñanza, Jesús les dijo a sus discípulos: Pasemos al otro lado... en la barca... y se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. A pesar de que estas tormentas eran algo común en el Mar de Galilea, estos avezados pescadores pensaban que iban a naufragar.

Mientras tanto, Jesús parecía no estar consciente del peligro, y se encontraba en la popa, durmiendo sobre un cabezal. Con su confianza plena puesta en el cuidado de Dios y en los pescadores experimentados, su plácido descanso en medio de la tormenta presenta un fuerte contraste con lo que pasa a su alrededor y con la actitud temerosa de sus discípulos. Ellos, aterrorizados, despertaron a Jesús, gritando, Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? 1 Estas duras palabras ponen en evidencia su pánico y desesperación. No es del todo claro si esperaban que él hiciese algo acerca de la situación. Pero ese viaje había sido su idea, y seguramente que él podía ayudarlos a orar.

Para su completa sorpresa, Jesús levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Como un eco de la admonición que le había hecho al demonio en la sinagoga, la palabra “calla” significa “¡ponte el bozal!” como si se tratara de un animal salvaje, que necesita ser amansado y enseñado a obedecer. De inmediato, cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Luego se volvió a sus discípulos y los reprendió diciendo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Ese reclamo fue hecho después de todo lo que habían visto y oído, y de las enseñanzas que habían recibido ese mismo día.

Ellos estaban aterrorizados, y se preguntaban el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen? 1 Justamente, debido a que ellos eran pescadores y conocían muy bien el comportamiento del mar, sus vientos y sus olas, esto los conmovió y se sintieron tremendamente humillados. ¿Quién es éste?... brotó de sus labios. ¿Quién podía haber hecho lo que ellos acababan de ver que él hizo? Como lectores de este relato, nosotros sabemos lo que los discípulos no lograban entender.

5:1-20 Vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos. 2 Ese era territorio de los gentiles, caracterizado por la impureza, y como agravante había cerdos y tumbas. Los judíos seguramente evitaban ir a lugares como éste, llenos de suciedad y contaminación. Sin embargo, este es el suelo mismo donde Jesús habría de desembarcar.

De inmediato, vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo. 3 Este hombre, abandonado por su gente, vivía entre los muertos, pero no se había desterrado pacíficamente. Las cadenas que habían usado para atarle habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos. Por haber desafiado las restricciones impuestas por la comunidad, él había sido desechado, aislado y puesto al margen de la vida normal. ¡Para complacer a los aldeanos éste debía ser expulsado! Pero si leemos cuidadosamente, notaremos la ironía en la historia. A pesar de los esfuerzos de ellos por dominarlo, él hizo frente a la falta de compasión que manifestaban para con él al conservar un mínimo de libertad.

Si embargo, él era un hombre que estaba en guerra consigo mismo. De día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros... hiriéndose con piedras, castigándose a sí mismo por razones que desconocemos. Gritando en protesta, con desesperación, vagaba por las montañas en busca de algo más elevado; parecía estar luchando por darse cuenta de las posibilidades de la vida, buscando encontrar una forma de vida y buscaba obtener ayuda en su soledad. Todo había sido en vano... hasta ahora.

Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él. Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Ese accionar puso en evidencia su caos interno. Corrió hacia Jesús y lo honró poniéndose de rodillas ante él, mientras que el demonio gritaba desde su interior, “¡déjame en paz/solo!” Al llamar a Jesús por su nombre y por su título, el demonio admitió que la ayuda estaba al alcance de la mano, y se resistía activamente. ¡Imagínense a ese hombre siendo impelido a resistir eso mismo que tanto necesitaba!

“¡Jura por Dios que no me vas a torturar!”4 Conmovedoras palabras, especialmente viniendo de la boca de un demonio que ha estado haciendo exactamente eso al cuerpo y al ser de un hombre. Pero esa petición demuestra que el demonio estaba totalmente subordinado a Jesús, el cual había atado al hombre fuerte. 5

Jesús dijo, sal de este hombre, espíritu inmundo. Las palabras fueron concisas y fueron justo al punto. Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? La pregunta no se hizo a fin de saber su nombre sino para dar muestra de su dominio. Los demonios suelen operar como ladrones en la noche. El anonimato es su distintivo. Aún así, estando en presencia del Cristo, el espíritu inmundo tuvo que responder con la verdad, lo cual nuevamente indica su subordinación.

Y él respondió, diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos. De hecho, Legión no es un nombre; la palabra expresa el tamaño y la fuerza propias de una unidad de soldados romanos, que lleva la connotación del campo de batalla. Aquí la batalla sería de otra clase, pero, de hecho ya terminada, debido a que los demonios, disminuidos, tenían que rogar para que no los enviase fuera de aquella región.

Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos. Al intentar negociar un acuerdo, ellos ya estaban aceptando la derrota. La suciedad de los cerdos los hace un huésped idóneo para los espíritus inmundos. La autoridad de Jesús era tan completa que los demonios en lugar de gritar o actuar de manera violenta debieron rogarle.

El permiso les fue dado, y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil; y el hato se precipitó en el lago por un despeñadero, y en el lago se ahogaron.6 Si los demonios habían anticipado o no este resultado queda aún abierto a mera especulación. Ellos no querían dejar ese lugar, pero aún así irían a vivir al fondo del mar, el cual históricamente está asociado con el caos. En un sentido, ellos habían regresado al abismo del cual nunca deberían de haber emergido.

Pero, ¿era esto justo para los cerdos? ¿Y qué decir de la pérdida monetaria que implicaba el haber perdido a un gran hato de cerdos? Este tipo de preocupaciones nunca se le hubiesen ocurrido a Marcos. A los ojos de los judíos, estos cerdos eran tan impuros como los demonios, y su destrucción iba a ser también motivo de festejo. Aún más, el que desaparecieran se habría visto como una bendición para esas tierras, ya que la gente no tendría que alimentar más a esos animales inmundos. Esto es parte del orden que Jesús vino a restaurar.

Por supuesto, se corrió la voz, y la gente de la ciudad salió a ver qué era aquello que había sucedido. Cuando vieron al hombre completamente sano, sentado, vestido y en su juicio cabal... tuvieron miedo. Y comenzaron a rogarle que se fuera de sus contornos. El que ellos le rogaran, nos hace pensar que sus palabras no surgieron de un mero arrebato de ira por la pérdida de los cerdos. Ellos tenían temor del poder de Jesús. Ignorando la fuente de ese poder, no podían darse cuenta de que ellos también habían sido liberados de la amenaza de los demonios. No se maravillaron de la curación del hombre y de que hubiera sido restaurado a su comunidad; ellos sólo querían que Jesús se fuera y los dejara en paz.

Jesús se fue, y el hombre le rogó que lo dejara ir con él. Sin embargo Jesús le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo. Como un eco de lo que les fue encomendado a los apóstoles, estas palabras sugieren que Jesús deseaba que el hombre se quedara allí precisamente por que sus compatriotas lo habían desterrado. Él sería así un testigo viviente de las buenas nuevas, predicando así que el reino se había acercado. Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban. Este hombre siguió exactamente la directiva que Jesús le dio. Salió a proclamar las buenas nuevas en Decápolis, y la gente se maravillaba.

La siguiente serie de curaciones nos llevarán de regreso al otro lado del lago, al territorio de los judíos, a hacer una exploración más amplia y profunda de la confrontación con las leyes de purificación judías. Y nuevamente, habrá una historia dentro de otra historia, iluminando y profundizando la una a la otra.

1 NIV. La versión King James dice: “¿Qué clase de hombre es este que aún los vientos del mar le obedecen?”

2 NIV. La versión King James dice: “Y él llego al otro lado del mar, a la tierra de los gadarenos”.

3 NIV: La versión King James dice: “Inmediatamente vino a su encuentro desde las tumbas un hombre que tenía un espíritu inmundo”.

4 NIV. La versión King James dice: “Te conjuro por Dios que no me atormentes”.

5 Véase Marcos 3:27.

6 NIV. La versión King James dice: “Y en seguida Jesús los dejó ir. Y los espíritus inmundos salieron y entraron en los cerdos; y el hato corrió violentamente hacia la barranca rumbo al mar, eran como dos mil, y se ahogaron en el mar”.

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