Por Madelon Maupin
El texto áureo con el cual da comienzo la Lección Bíblica de esta semana, titulada "Ciencia Cristiana", contiene una de las metáforas bíblicas más reconfortantes, "la mano de Dios". Este largo sinónimo que incluye un sentido de autoridad, poder y guía, nos ofrece una infalible protección ya sea para un niño que ha de cruzar la calle o para un adulto que esté enfrentando el desempleo.
Todo aquel que es recto y sabio reconoce la mano de Dios. La Lectura Alternativa está tomada del Salmo 19, el cual nos muestra que seguir la Ley de Dios es sabiduría. Los israelitas colocaron la ley de Dios en el corazón mismo de su fe, y tenían mucho que compartir acerca de esto. Designando mucho más que lo que hoy es la base del sistema judicial, la palabra ley es generalmente traducida como Torah, que significa "enseñanza". El Salmo 19 es nada menos que la enseñanza de Dios, que muestra su correlación con la revelación inherente a la Palabra de Dios. El salmo explica también, el porqué uno debería desear seguir la ley de Dios o enseñanza: sus bendiciones nos reviven, traen alegría, iluminan al pensamiento, nos alertan del peligro y nos traen gran retribución.
La historia de Salomón es la primera ilustración que nos brinda la Lección, acerca del beneficio que nos trae el escuchar la voz de Dios. El nombre Salomón es sinónimo de sabiduría. Desde Sócrates a Kant, todo filósofo ha buscado la sabiduría. Aquí la Biblia nos dice abiertamente que lo que Salomón comprendió es que la Sabiduría se encuentra en Dios.
Tal vez la mayor demostración de sabiduría no estuvo en las decisiones que tomó Salomón con posterioridad, sino en el acto mismo de volverse a Dios como la fuente de guía y conocimiento —el tener la humildad de escuchar Su voz y la obediencia para seguirla. Salomón, al ser hijo de David, el gran rey de Israel, puede que se haya sentido intimidado por los logros de su padre. Pero aún así, le dio una expresión individual a la percepción, a la agudeza de juicio y al discernimiento —tal como todos nosotros también lo podemos hacer a medida que escuchamos el mensaje revelador de Dios en nuestras vidas.
Mary Baker Eddy demostró esta habilidad de escuchar a Dios que describe la Biblia, al descubrir la Ciencia Cristiana, "…(la) revelación final del Principio divino absoluto de la curación mental científica." (Ciencia y Salud, pág. 107, cita 2) En otra parte de sus escritos, ella dice acerca de la Ciencia Cristiana que "no es una búsqueda de sabiduría, es sabiduría: es la diestra de Dios que tiene asido al universo —todo tiempo, espacio, inmortalidad, pensamiento, extensión, causa y efecto; que constituye y gobierna toda identidad, individualidad, ley y poder." (Escritos Misceláneos 1883-1896, pág. 364)
La reconfortante metáfora de "la mano de Dios" se eleva ahora a nuevas alturas, acorde a esta era científica, y se ve como una Ciencia demostrable basada en el Principio divino. Al igual que Salomón, la Sra. Eddy pone en su correcto lugar a la sabiduría, al decir que pertenece a Dios (ver Ciencia y Salud, pág. 275, cita 3)
Las citas de la Sección I y II nos brindan la seguridad de que la Ciencia Cristiana, como "la mano derecha de Dios" es la vencedora en cualquier batalla que uno tenga. Daniel captó esta verdad fundamental, como lo explica la Sección III, cuando siendo joven fue llevado a una tierra extranjera como botín de guerra. Más tarde fue rebautizado Beltsasar por los captores persas. Daniel debe haberse lamentado a causa de su propia servidumbre y la de sus hermanos israelitas, como lo indica el hecho de que estuvo allí durante 24 días —tres veces el tiempo normal de duelo que es 7 días, lo cual indica una profunda tristeza. Estando ahí, una visión angélica vino a él en la forma de un varón vestido de lino, símbolo de pureza y le dio palabras de consuelo. Le dijo que se pusiera de pie para escuchar sus palabras, entonces continuó diciéndole que sus oraciones habían sido oídas (ver Daniel 10:1-21, cita 10). ¡Qué reconfortante es saber que si estamos sufriendo, los ángeles están siempre allí para reconfortarnos y fortalecernos! Evidentemente, lo que importa no es dónde estemos, sino qué pensamientos estemos teniendo.
La revelación de Daniel es tan solo un ejemplo de las muchas historias bíblicas que requieren comprensión espiritual. Ciencia y Salud tiene un glosario de 100 términos bíblicos de los cuales Mary Baker Eddy dio definiciones espirituales y una visión profunda. Uno de ellos es HIDEKEL, el río junto al cual Daniel tuvo su visión. La Sra. Eddy escribió que este representa "La Ciencia divina comprendida y reconocida." (pág. 588, cita 11)
La sexta sección es el gran finale que nos muestra que cada uno de nosotros tiene, por reflejo, un acceso pleno a la sabiduría, autoridad y poder de Dios. Este conocimiento es una Ciencia demostrable y no una teoría filosófica, y nos libera de cualquier "río" de sufrimiento cerca del cual estemos parados. Es entonces cuando vemos que la "curación cristiana por la Mente" es una "Ciencia revelada y práctica" (Ciencia y Salud, pág. 98, cita 30)
Madelon Maupin tiene un master en estudios teológicos del Seminario Teológico de San Francisco y vive en Newport Beach, California, EE.UU.
Esta traducción del Christian Science Sentinel del 14 de junio de 2010 es la labor de un traductor voluntario.