Genelle Austin-Lett
Esta Lección Bíblica, titulada “Espíritu”, comienza con el soplo de Dios estableciendo la creación. Tanto en expresiones tales como “El Espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida”, (Job 33:4 Texto áureo) como en la cita “Todo lo que respira alabe a Jah” (Salmos 150:6, cita 20), que alude a la responsabilidad individual, vemos la dinámica vivificadora del Espíritu de Dios en acción.
¿Qué es este “soplo”? En Hebreo, la palabra es ruakh, y significa “el espíritu de Dios”. Se decía que los mensajeros de Dios estaban llenos del soplo de Dios. Cuando el profeta decía, “Así dice Jehová” (Isaías 44:2, Lectura Alternativa), sus oyentes sabían que el espíritu de Dios estaba soplando, enviándoles un mensaje, a través de ellos.
Los relatos bíblicos en esta lección muestran cómo el “Espíritu infinito y omnipresente” (Ciencia y Salud 223, cita 1) crea, sana, transforma y libera.
El Espíritu era la fuerza creadora acerca la cual Jesús le habló a Nicodemo cuando le dijo: “el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3, cita 8). Las palabras “de nuevo”, en Griego es anothen, la cual tiene un doble significado: “nacido de lo alto” o “nuevamente”. ¿Le estaba diciendo Jesús a Nicodemo que para poder experimentar el reino de los cielos, debía abandonar la creencia en un nacimiento físico y carnal, para poder así reconocer que él había nacido de lo alto? El Espíritu era su Creador.
El Apóstol Pablo repitió este mensaje al dirigirse a la elite intelectual de Atenas. Él estaba consternado ante una nación dedicada a la idolatría. Luego de encontrar en un altar la inscripción “Al dios no conocido”, Pablo le habló a estos filósofos griegos acerca del único Dios. Les dijo que Dios no habitaba en templos “hechos por manos humanas” (Hechos 17:24, cita 11). Pablo les estaba mostrando que como Creador, Dios no estaba separado de Su creación, como creían los Epicúreos, sino que era superior a la creación. Los Estoicos hubieran estado de acuerdo en que Dios no podía ser contenido en un templo. Pablo concluyó describiendo a Dios como la fuente de la vida. Dios es completo; nada se le puede añadir. Ciencia y Salud nos explica que a medida que adoramos a Dios espiritualmente, Lo comprenderemos mejor como “el Todo-en-todo, por siempre cercano” (Ciencia y Salud, 596, cita 20)
El poder transformador y liberador del Espíritu se ve tanto en la curación de las enfermedades como de las injusticias sociales. Jesús encontró a una mujer que había estado encorvada durante 18 años. Imagínese los sufrimientos que ella debe haber tenido que soportar. Algunos comentarios se refieren a su condición diciendo que tenía un “espíritu de debilidad”. Jesús restauró la condición física de la mujer, como también su dignidad, liberándola de su historial de esclavitud. La Biblia simplemente dice, “Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios.” (Lucas 13:13 cita 6). El toque era una manera habitual de conferir una bendición, y es por eso que Jesús tocó a la mujer..
Mary Baker Eddy utilizó el poder liberador del Espíritu al sanar un caso de tuberculosis, liberando a la paciente de la creencia de que los vientos que soplaban del este interferían con su habilidad de respirar. En una sola visita, restableció la salud de la mujer. (Ciencia y Salud pág. 184, cita 10)
Otros dos episodios de liberación giran alrededor del relato bíblico de una joven mujer que tenía espíritu de adivinación. Sus dueños sacaban provecho de la habilidad de esta mujer para adivinar el futuro. Cuando ella se dio cuenta que Pablo y Silas eran hombres de Dios, comenzó a seguirlos, anunciando: “Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación”. (Hechos 16:17, cita 13). Pablo, hablando con autoridad echó fuera el demonio.
El único problema que surgió fue que los codiciosos propietarios de la muchacha se dieron cuenta de inmediato que habían perdido su fuente de lucro económico. En vez de explicar lo que ellos habían perdido, sabiendo que esta queja no sería muy bien recibida, le dijeron a las autoridades que Pablo y Silas eran dos agitadores del bien público. Por ello los profetas fueron apaleados y echados en la celda más segura, donde sus pies fueron encadenados en cepos. Pero Pablo y Silas no dejaron que las apariencias materiales de esta difícil circunstancia anularan su confianza en Dios. Ellos oraron y cantaron himnos a Dios con sinceridad y alegría, hasta que un terremoto los liberó a ellos, y a todos los prisioneros. (Aunque el final de esta historia no está incluido en esta Lección, la transformación y liberación continuó cuando el carcelero y su familia se convirtieron en Cristianos. La mujer esclava fue liberada y transformada. Pablo y Silas fueron liberados, y el carcelero fue transformado por el poder del Espíritu).
Cuando estudien la Lección, disfruten buscando ejemplos adicionales en los cuales la Biblia nos enseña acerca de la liberación, y “transformación del cuerpo por la renovación que hace el Espíritu” (Ciencia y Salud, p. 241, cita 12).
Genelle Austin-Lett dirige BibleWise.com y es el director del equipo de debate de San José State University en California, EE.UU.
Esta traducción del Christian Science Sentinel del 2 de agosto de 2010 es la labor de traductores y revisores voluntarios.