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Magnetismo animal: ¿Qué es?

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Para aquel que se interesa en la historia, Quito, Ecuador, es un lugar fascinante. Los edificios de estilo español colonial cubren 320 hectáreas (unos 791 acres), y la transforman en el centro histórico más grande de América Latina. Es también el mejor preservado.

En Quito tuvimos un seminario con dos hermanas que están desarrollando su práctica pública. Ellas querían comprender mejor qué quiere decir anunciar su nombre en la revista El Heraldo de la Ciencia Cristiana. La reunión demostró ser estimulante e inspiradora. También tuvimos otra sesión especialmente para aquellos que están pensando por primera vez en la práctica pública y en la enfermería de la Ciencia Cristiana, como posibles profesiones. Uno de los participantes, un señor que acababa de conocer la Ciencia Cristiana, preguntó: “Lo que entiendo es que el Espíritu, Dios, está constantemente elevando nuestro pensamiento, mientras que el magnetismo animal parecería estar constantemente tratando de tirarnos abajo. ¿Cuál es el origen del magnetismo animal?”.

El magnetismo animal, el mesmerismo y el hipnotismo son términos que usa Mary Baker Eddy para representar la supuesta acción mental opuesta al bien —supuesta porque en la Verdad toda acción es la acción mental del conocimiento de la única Mente, Dios.

La pregunta de ese señor se reduce a esta pregunta clásica: Si Dios es el bien y Dios es todo, ¿cuál es el origen del mal? Es una pregunta esencial en América Latina, con sus desigualdades económicas que se remontan al siglo XVI, la división política y social y la inestabilidad, así como la tasa tan elevada de violencia debida, a menudo, al narcotráfico.

Mary Baker Eddy responde a esta pregunta como ningún otro teólogo lo hace. En el Capítulo “El magnetismo animal desenmascarado”, de Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras, (véanse págs. 101-107), ella explica que el mal, en lugar de existir en la Mente de Dios (y tener que de alguna manera reconciliarse con la infinita bondad de Dios), sólo existe en la mente de los humanos, donde, por más agresivo y real que parezca, no es más que una pretensión falsa de poder. Ese capítulo revela que el mal no tiene más poder que el que los humanos le concedan. Para sanar cualquier problema, desde la pobreza hasta una pierna adolorida, el practicista o enfermero de la Ciencia Cristiana tiene que percibir tan claramente la totalidad de la Mente y a la persona como la imagen y semejanza de la Mente, que el mal no tenga lugar donde estar, ni en el pensamiento ni en la experiencia.

Estos seminarios revelan que los practicistas y enfermeros de la Ciencia Cristiana, siguiendo a Jesús, prueban que esta teología es la verdad, corrigiendo el mal, incluso la enfermedad, mediante el amor y un pensar semejante al Cristo. Dicha curación libera a las personas y contribuye a la curación de toda la sociedad.

Nuestra próxima parada: Caracas, Venezuela.

Por Lyle Young

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