Lyle Young
Según parece, el aeropuerto de Concepción, Chile, desde el que estoy escribiendo este mensaje, apenas fue dañado por el terremoto de 8.8 en la escala de Richter del 27 de febrero. En Concepción vimos edificios que no fueron afectados por el sismo, estructuras destruidas, así como edificios cuyas paredes exteriores no fueron dañadas, pero las interiores se vinieron abajo. Vimos montañas de grava en muchos de estos edificios, una señal de reconstrucción. Anoche el gobierno ajustó el toque de queda de las 22 a la 1 h, un paso más hacia la normalidad.
En estos seminarios sobre la práctica pública y la enfermería de la Ciencia Cristiana, Alessandra y yo a menudo comentamos que todas las personas que practican la Ciencia Cristiana la practican públicamente. Esto es verdad porque , como dijo Jesús: “…una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa” (Mateo 5:14, 15).
Todo pensamiento espiritual bueno, feliz, libre, se manifiesta para elevar el pensar y contribuir a la atmósfera general del pensamiento. En este sentido, ya sea que dicho pensamiento bueno sea acerca de uno mismo, de otra persona o de algún suceso mundial, bendice al público.
Cuando uno da tratamiento en la Ciencia Cristiana —es decir, cuando uno niega específicamente la discordancia en relación a una persona y afirma la armonía en relación a ella— ayuda a prevenir terremotos. ¿Por qué? Porque la base del tratamiento en la Ciencia Cristiana es un Espíritu infinito que es estable, permanente, inamovible y sólido como una roca. El tratamiento en la Ciencia Cristiana niega la noción de que la materia pueda tener sustancia y poder, es decir, niega que pueda tener peso para arrojar aquí y allá haciendo que la vida sea inestable y peligrosa.
Al ayudar a los demás mediante la oración en la Ciencia Cristiana, ya sea como practicista o como enfermero de la Ciencia Cristiana, uno estabiliza los terremotos y los tsunamis personales en el pensamiento individual. Esa clase de terremoto puede ser algún comentario poco amable que alguien haga acerca de nosotros, o se puede manifestar como enfermedad. No obstante, a medida que enfrentamos esos temblores y terremotos personales de temor, la experiencia compuesta de terremotos más grande y colectiva, disminuirá hasta desaparecer. Entonces se cumplirán las palabras de Mary Baker Eddy:
La Verdad me asienta firme sobre la roca, en la ribera de la Vida, contra la cual los vientos y las olas nunca más podrán golpear.
(Escritos Misceláneos 1883–1896, pág. 397, según la versión en inglés.)
Siguiente parada: Montevideo, Uruguay.