Imprima esta página
EXPLORAR – INSPIRAR – SANAR

EN APOYO DE NUESTRO PRÓJIMO

También disponible en inglés

El Río de la Plata tiene un ancho de 220 kilómetros (137 millas) en su desembocadura con el Océano Atlántico. En una margen de este gran río se encuentra la capital de Argentina, Buenos Aires; en la otra, la capital de Uruguay, Montevideo. Del lado de Montevideo, toda la costa está abierta para que todo el mundo la use, y así lo hacen, caminan, corren, andan en bicicleta, sobre la acera a lo largo de la ribera.

En uno de los seminarios de Montevideo un participante preguntó si la gente debía dar un tratamiento de la Ciencia Cristiana a otras personas sin su consentimiento. (En mi último blog, expliqué que el tratamiento en la Ciencia Cristiana es una negación específica de la discordancia en relación a una persona y la afirmación específica de la armonía en relación a dicha persona.)

Digamos que a mí me gusta el efecto que tiene cierta sustancia fuerte para matar malas hierbas en mi jardín, y sin preguntarles a mis vecinos la aplico en su jardín, ¿sería ético hacerlo? No, porque por diversas razones puede que ellos no quieran usar ese producto. Pero más que nada, estaría mal porque el jardín es de ellos y son ellos los que deben decidir cómo cuidar de él. (Para ver la completa explicación de la importancia de respetar los derechos mentales de otra persona, véase Escritos Misceláneos 1883–1896, pág. 282, por Mary Baker Eddy.)

Tratar de influenciar o controlar el pensamiento o las acciones de otra persona, es lo que la Ciencia Cristiana llama transgresión mental. Nosotros puede que pensemos que sabemos qué es bueno para otra persona, pero lo importante es que la apoyemos en su sentido más elevado del bien con la confianza de que Dios está gobernando a Su propia imagen y semejanza. Debemos alentar a los demás a pensar y a actuar correctamente. Pero hay una diferencia entre influir personalmente a alguien, incluso aunque pensemos que es en una dirección inspirada, y apoyar a esa persona en su sentido más elevado del bien.

De modo que en general, no tenemos el derecho de tratar a otro mediante la oración sin su permiso. Pero sí tenemos el derecho —y el deber— de orar siempre que vemos alguna discordancia, insistiendo en nuestra propia capacidad para ver la verdad de Dios y Su creación. Un aspecto importante de esa autocorrección es tener la expectativa de que esa manera clara de pensar espiritualmente bendecirá a todos.

Alessandra y yo hemos terminado la parte de habla hispana de nuestra gira. Durante las próximas semanas estaré estudiando portugués en São Paulo, Brasil, para hablarlo mejor. Luego, daremos doce seminarios en los países de habla portuguesa de Brasil, Portugal y Angola.

Share
Share
Tamaño del texto
© The Christian Science Publishing Society. All rights reserved.
Todos los derechos reservados. Términos de Uso.  |  La Cruz y la Corona  |  Contáctenos