Lyle Young
Arequipa, Perú, es el sueño del turista: el Cañón del Colca (tiene más del doble de profundidad que el Gran Cañón del Colorado), el Lago Titicaca (un lago en la cima del mundo), Machu Picchu —todos de fácil acceso, así como volcanes activos y el afamado arte culinario. Pero ¿es acaso un buen lugar donde practicar la enfermería de la Ciencia Cristiana? Una de las mujeres que habló conmigo después del seminario sobre la enfermería y la práctica pública en la Ciencia Cristiana, pareció pensar que podría serlo.
A veces aquellos que podrían estar en la práctica pública de la Ciencia Cristiana piensan: “Si la gente me pidiera ayuda con la oración, yo podría entrar en la práctica pública. Pero como muy pocos o nadie me pide este trabajo, pienso que no se supone que yo sea practicista”. En ocasiones el razonamiento para no ser enfermero de la Ciencia Cristiana es el mismo.
En mi propia experiencia para entrar en la práctica pública, ocurrió que cuando decidí esforzarme por mantener mi pensamiento siempre en ese nivel que sana, casi de inmediato la gente empezó a pedirme ayuda. Estoy convencido de que es este compromiso mental —la decisión de estar listo para ayudar— lo que la gente nota y los hace recurrir a uno en momentos de necesidad.
El deseo y la oportunidad de ayudar son como la ley de la oferta y la demanda que están siempre en equilibrio, de manera que la persona que está lista para ayudar y que, de hecho, necesita ayudar a los demás para crecer él o ella misma, es la que recibe, necesariamente, los llamados pidiendo ayuda.
Por supuesto, el mejor ejemplo de esta atracción espiritual es Jesús. Él dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo” (Juan 12:32). No obstante, la Biblia da muchos otros ejemplos de aquellos que recibieron el llamado para ayudar a otros porque habían hecho este compromiso mental de estar preparados.
Qué bueno es saber que, como en las tierras de la Biblia hace miles de años, hoy, en Arequipa, Perú, la gente desea ayudar a los demás mediante la oración. Como dice en Ciencia y Salud: “A medida que el tiempo avance, se hará justicia a los elementos curativos del cristianismo puro; serán buscados y enseñados y resplandecerán con toda la grandeza del bien universal” (pág. 329).