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EXPLORAR – INSPIRAR – SANAR

No deje nada librado a la suerte

HACE AÑOS, en una obra de teatro representé a "la suerte". Recuerdo que mi primera frase era: "Soy la astuta infiel que los hombres llaman 'Suerte'; ¡ustedes me conocen bien!" He olvidado el resto de la obra, sólo recuerdo que en ella, un rey que era exageradamente pulcro deseaba casarse con una mujer que también lo fuera; pero por medio de mis jugarretas, yo lograba que lo hiciera con una sumamente desaseada. Estarán de acuerdo en que la suerte es realmente astuta. Algunas veces pensamos que la suerte nos presenta un panorama afortunado, y otras veces no tanto. Somos pocos los que no dejamos los asuntos realmente importantes a la suerte, y preferimos mantener el control y dirigir nuestro propio destino. En cambio, mucha gente cree que su vida es afectada por lo que le depara la fortuna o la suerte.

Yo creo que todo lo que sucede en nuestra vida, lo consideremos importante o no, está dirigido por una influencia divina que muchos llamamos Dios. Mary Baker Eddy escribió: "Dios es nuestra ayuda. Él nos compadece. Él tiene misericordia de nosotros y dirige todas las actividades de nuestra vida".1 La Sra. Eddy descubrió la Christian Science,* que demuestra que Dios es Principio. Todos sabemos de la autoridad que el principio de las matemáticas tiene sobre los números. De manera similar, estamos bajo la autoridad de Dios, el Principio divino; y cuando sabemos esto, tenemos más claro el propósito de nuestra vida, y la vivimos sintiéndonos más seguros.

Los hechos fortuitos proyectan una sombra funesta sobre el mundo. Aunque la suerte dice que podemos tener una agradable sorpresa al ganar la lotería o al tropezar con la oportunidad soñada, también sugiere que las cosas pueden estar fuera de control: que un accidente, o cualquier otra circunstancia adversa, puede perturbar nuestra vida.

Algunas veces pensamos que Dios obra por medio de la suerte o que ésta ocasionalmente usurpa Su poder. Pero la Christian Science me ha enseñado que Dios es bueno y que sólo Él gobierna todo a la perfección; que vivimos bajo la ley y el orden divinos; y que Su gobierno siempre nos mantiene en perfecta armonía con toda Su creación.

Cuando comprendemos a Dios, nos damos cuenta de que Él está presente en todo y que siempre obra para bien. Puede que no veamos fácilmente cómo interviene el Principio divino en los asuntos humanos, pero podemos confiar en que Dios es el bien omnipotente, que no permite que la más mínima falla trastorne Su designio.

dice (Corel 373047. ¿Interviene Dios en lo que llamamos desastres, tragedias o accidentes? ¡No! Y nuestra comprensión de Dios nos muestra la imposibilidad de que Él pueda ser su creador. Dios nos hace conscientes de la verdad de que todos estos males resultan de un conocimiento incorrecto de las realidades espirituales del ser. Los accidentes no son reales para Dios. Por haber conocido y escuchado a Dios, Cristo Jesús pudo despertar a otros a la realidad del ser; y esto se manifestó en salud, reforma y vitalidad.

Quizá no nos demos cuenta de que continuamente somos tentados a creer en la suerte: los pronósticos meteorológicos dan el "50 por ciento de probabilidad de lluvia"; las promociones por correo aseguran que tenemos "una alta probabilidad de ganar millones" y los informes médicos dicen que las probabilidades de tener cierta enfermedad son de "uno en diez o en veinte".

El hecho de que cada evento pueda ocurrir o no, evidencia la falsedad intrínseca de la suerte.

La Biblia dice en Proverbios: "Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas".2 La frase "en todos tus caminos", no admite excepción. ¿Tienes suficiente audacia y fidelidad para confiar en Dios? De ser así, te será más fácil ver Su guía en todos los aspectos de tu vida. No confíes nada a la suerte, y sí todo a la providencia divina, que no permite ni el más mínimo mal, ya sea que se lo llame enfermedad, pecado o muerte. Dios no permite la existencia de la carencia ni de las equivocaciones. La única razón por la que se pueden ver estas cosas, o sufrir por ellas, es por creer que hay dualidad en la vida, o sea, por considerar reales tanto el bien como el mal, lo correcto y lo erróneo, la vida y la muerte. Cuando podamos ver la irrealidad del pecado, la enfermedad y la muerte, debidos, según se cree, a la "mala suerte" de haber sucumbido ante el mal, entonces podremos destruirlos como hizo Jesús: por medio de la comprensión de que Dios creó todo para que fuera bueno.

No existe la suerte, ni buena ni mala. Todo está bajo el gobierno de Dios. Cuando comprendemos a Dios, nos damos cuenta de que Él ya nos ha dado todas las cosas valiosas de la vida. Entonces, ¿por qué confiar en la suerte para obtenerlas?

 

1 La unidad del bien, págs. 3-4. 2 Proverbios 3:5,6.


Relatos de curaci—n

Dejó de poder caminar y salió victoriosa.

"Dios nunca nos falla".

Esto ocurrió hace unos diez años cuando estábamos viviendo mi esposo y mis hijos en la ciudad de México. Mis hijos eran chicos, los gemelos tenían siete años y la más chiquita tenía nueve meses. El cuidado de ellos me daba mucho que hacer. Además estaba trabajando, y en esos días yo sentía bastante presión en mi trabajo. Iba a llegar un funcionario importante de la organización y yo tenía la responsabilidad de preparar todas las visitas, los documentos y todo lo que se necesitaba; y no tenía tiempo suficiente para hacerlo todo.

Al día siguiente de terminar la visita de este funcionario, me iba a Florida, en los Estados Unidos, a ver a mi mamá con dos de mis hijos. La noche de la cena de culminación, al salir, después de haber estado sentada varias horas, me encontré que tenía una sensación muy rara en las piernas.

Al llegar a Florida no podía caminar normalmente. Mi mamá me vio y me preguntó qué me pasaba, y realmente no supe qué contestarle. La condición comenzó a empeorar, se me hincharon las articulaciones en las rodillas, los tobillos y los codos, perdí fuerzas en las manos y llegué al punto en que no pude caminar. Me tuvieron que alquilar una silla de ruedas, y además sentía mucho dolor. Tuve miedo cuando vi esto, y me pregunté cómo iba a poder atender a mis hijos.

Cuando empezó a sobrevenirme la desesperación, me torné a Dios en oración. Empecé a examinar mis pensamientos, y lo primero que encontré fue ese sentido de presión que yo había tenido en el trabajo. Había puesto a Dios y mi oración a Él, al final de la lista de cosas que hacer. Entonces me dije: "Mi prioridad es mi relación con Dios, estar cerca de Él y en comunión con Él". Cuando enfrenté el temor tan grande que sentía de que tal vez no saldría de esto, me acordé de lo que la Sra. Eddy dice en Ciencia y Salud: "El temor es la fuente de la enfermedad, y domináis el temor y el pecado por medio de la Mente divina; por lo tanto, es por medio de la Mente divina que vencéis la enfermedad" (pág. 391).

También fué de gran ayuda este pasaje de Isaías: "No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustanteré con la diestra de mi justicia" (41:10). Esto me hizo sentir la confianza de que Dios no me iba a abandonar, porque Él es Espíritu omnipotente, y que yo podía confiar en mi Padre-Madre, Dios.

Oré de esta manera y además pedí ayuda a un practicista de la Christian Science, quien oró por mí.

La situación progresaba lentamente. Durante el día mi mamá me llevaba a una playita donde había sombra y allí lograba caminar un poquito, pero en la noche otra vez me sentía débil. En un momento me desesperé nuevamente al sentir que no estaba progresando, pero recibí inspiración de esta cita de Ciencia y Salud [444:12]: "Paso a paso hallarán los que en Él confían que 'Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones' ". Vi que no podía dudar del poder de Dios aunque no viera progreso, sino que tenía que mantener muy firme mi confianza. Y así como Ciencia y Salud dice "paso a paso", así es como fui progresando. Literalmente paso a paso, sin perder esa confianza en Dios. También en Hechos [17:28] la Biblia dice: "En él vivimos, y nos movemos, y somos". Dije, bueno, si nos movemos en Dios yo también tengo derecho a mi movimiento adecuado. Eso es como una promesa de Dios y es para todos, y yo no soy la excepción.

Pasaron unas cuatro semanas y empezó la mejoría. Y al cabo de seis semanas recibí la curación completa. En ese tiempo ya estaba convencida de que no podía haber derrota ni fracaso con Dios, y sabía que iba a ver el final de este problema y salir adelante. Me acuerdo que leí en 1 Corintios [15:57]: "Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo". Esa victoria es la que estaba buscando y sabía que tenía que venir porque Dios nunca, nunca nos falla, y así fue. Fui mejorando hasta el punto en que ya esta condición desapareció por completo, y en todos estos años ya no ha habido nada de eso.

Fue un período de gran crecimiento espiritual, y obtuve un mayor entendimiento de la libertad, porque me sentía un poco como prisionera al estar muy limitada en lo que podía hacer. A través de la oración entendí que el estado que Dios nos otorga es libertad espiritual y no hay nada ni nadie que nos pueda impedir el paso o quitar esa libertad. También en Ciencia y Salud [227:25] estudié esto: "Ciudadanos del mundo, ¡aceptad la 'libertad gloriosa de los hijos de Dios' y sed libres! Ése es vuestro derecho divino". Yo dije, si es mi derecho divino, yo lo voy a tomar porque así Dios nos ha creado. Nos ha creado libres y con dominio. Así fue esta experiencia que me llenó de fortaleza espiritual.

Cecily Quintanilla
Ballwin, Missouri, E.U.A.

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