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EXPLORAR – INSPIRAR – SANAR

Patricia del Castillo




O
SCURAS NUBES cubrían el cielo. Iba manejando por la autopista de regreso a casa del trabajo, cuando de pronto en la distancia un rayo de sol apareció entre las nubes. La vista era hermosa. Un sencillo pero convincente recordatorio de la omnipresencia, la bondad y armonía de Dios. Pero nada me preparó para lo que estaba por ver. Cuando me acercaba a mi salida, apareció un arco iris enorme en el cielo. Nunca había visto algo así. El arco iris no sólo era muy ancho, sino que tenía colores muy fuertes, azul, rojo, naranja, amarillo. Era majestuoso. De hecho, fue un suceso tan sorprendente que esa noche lo mencionaron en las noticias.

De inmediato recordé que el arco iris representa esperanza. Es el símbolo del pacto eterno que Dios hizo con Noé después del diluvio. Noé había mostrado ser obediente y humilde, por eso Dios le prometió que no habría otra inundación así.1 Y entregó en sus manos y a todas las generaciones por venir, todo lo que está en la tierra. Le prometió al hombre que podría superar cualquier cosa que tratara de impedirle disfrutar de la herencia que Él le dio. Básicamente, Dios le estaba prometiendo a Noé paz.

Muy a menudo, cuando enfrentamos o nos enteramos de ataques o guerras de todo tipo, ya sean militares, terroristas, económicas, o disturbios sociales, nos sentimos tan abrumados e impotentes, que nos olvidamos de la omnipresencia de Dios y de esa promesa que le hizo al hombre. Incluso puede que nos preguntemos ¿Dónde está Dios?

Pero hay algo que podemos hacer. Podemos orar. Una oración que no es una simple repetición de frases aprendidas de memoria, sino la consciente insistencia de que Dios está siempre presente y tiene todo el poder. La comprensión de que todo el poder le pertenece a Dios, y que Él es bueno, también le niega todo poder al mal. Una oración llena de amor que incluye a todos es muy eficaz. Especialmente cuando está llena de compasión incluso hacia quienes se han portado mal con nosotros o han hecho cosas terribles. Contempla a cada hombre como la imagen y semejanza espiritual de Dios. De manera que en nuestras oraciones reconocemos su verdadera identidad como hijos de Dios y eso contribuye a sanar cualquier situación con la que estemos luchando.

El odio y la venganza no ayudan a que el mundo sea un mejor lugar para vivir. Por el contrario, ellos perpetúan el viejo mandato de "ojo por ojo y diente por diente". Mandato que Jesús reemplazó por "ama a tu prójimo como a ti mismo" y "amad a vuestros enemigos".2

Muchas veces somos demasiado rápidos para condenar el comportamiento ajeno, cuando en realidad lo que se necesita es un cambio en nuestro propio pensamiento y acción. A mí me gusta mucho el mensaje de la canción "Man in the mirror" (El hombre del espejo) que canta Michael Jackson. Dice que si uno quiere hacer de este mundo un lugar mejor, debe empezar por cambiar uno mismo.

Para lograrlo hay que ser persistente. Es difícil que se produzca un cambio de la noche a la mañana. Pero cuanto más oremos y pongamos en práctica las ideas que nuestras oraciones nos traen, más fuerte será nuestra confianza en Dios y en la habilidad que nos ha dado para cambiar y mejorar nuestra manera de vivir. Cuanto más fuertes seamos espiritualmente y más comprendamos el amor de Dios, más difícil será que seamos vulnerables a toda guerra, odio, enfermedad, pobreza o inseguridad. Cuando aprendemos que tenemos una relación inseparable con Dios, tenemos acceso a lo que contribuirá a que haya paz: más sabiduría, más humildad y perdón, más amor y gratitud.

Pienso en Cristo Jesús y en las cosas terribles que sufrió incluso antes de ser crucificado. Todo resentimiento, odio y ansia de venganza, estaban obviamente fuera de consideración, si él quería cumplir con su misión. Él tenía el poder para librarse de ese sufrimiento, pero sabía que su misión era mucho más importante. ¡Cuánto amor, perdón y humildad debe haber sentido para poder resucitar de los muertos y ascender! De otro modo nunca lo hubiera logrado.

La Sra. Eddy escribió que la Verdad y el Amor deben siempre llenar el pensamiento de la gente. Y luego agregó que "no hay puerta por la cual pueda entrar el mal, ni espacio que el mal pueda ocupar en una mente llena de bondad. Los buenos pensamientos son una armadura impenetrable; revestidos de ellos estaréis completamente protegidos contra los ataques de toda clase de error. Y no sólo estaréis a salvo vosotros mismos, sino que también se beneficiarán todos aquellos en quienes pensáis... El que tiene pensamientos buenos mora bajo la sombra del Omnipotente. Sus pensamientos sólo pueden reflejar paz, buena voluntad hacia los hombres, salud y santidad".3

Hace varios años tuve la oportunidad de ser útil y ayudar a mejorar la situación de algunas personas. Una mañana muy fría de invierno, iba de camino al trabajo en el tren, y pasamos por una estación que sólo se usa cuando hay juegos de béisbol. Eran como las 7:30, y vi a dos personas sin hogar durmiendo en la estación. También había un niño pequeño. Mi corazón se conmovió profundamente. Comencé a orar sabiendo que Dios estaba con ellos y a preguntarme cómo podía ayudarlos. Entonces recordé que dos días atrás habían distribuido en mi oficina un boletín sobre los albergues que hay en la ciudad. Cuando llegué a mi oficina, me comuniqué con uno de los albergues y les conté de esa gente en la estación. Entonces me enteré de que los albergues tienen camionetas que recorren la ciudad, recogiendo gente sin hogar que quiera ir al albergue. Allí les dan comida caliente y pueden quedarse a dormir y protegerse del frío. Me dijeron que irían a ver el lugar que yo les indiqué. Al día siguiente, cuando pasé por la estación, no había nadie durmiendo allí. Pienso que aceptaron que los llevaran a un lugar donde estarían mucho mejor.

Cuando nos esforzamos por conocer la ley de armonía, salud y amor de Dios, nuestras oraciones producen un cambio favorable en este mundo. Nosotros podemos traer armonía y contribuir a que la promesa del arco iris de la paz sea una realidad para todos.

 

1 Génesis 9:15. 2 Mateo 5:38­48.
3 The First Church of Christ, Scientist, and Miscellany, pág. 210.












Relatos de curaciones






Muchas bendiciones

 

DESDE MUY pequeña mi madre había sufrido mucho debido a la angustia y nervios relacionados con el fallecimiento de su padre. Y esto se prolongó hasta después de casada y de haberme tenido a mí.

Un día, empecé a notar cambios en su comportamiento y el problema se agudizó mucho, al punto que el psiquiatra que la atendía recomendó como último recurso, un tratamiento de "choques eléctricos". Después de hablarlo con mi papá, resolvieron que no accederían a ese tratamiento. Finalmente, un día, mi madre dijo: "¡Dios es el único que me puede sanar!" Se compró una Biblia y comenzó a leerla, y en ese momento una amiga, estudiante de la Christian Science, le prestó el libro Ciencia y Salud y le aconsejó leerlo todo.

Así comenzó una nueva vida para mi madre. Día a día ella tenía más confianza en el mensaje que el libro le estaba presentando referente a ella y a su Padre-Madre Dios. Aprendió que Dios jamás creó al hombre enfermo o expuesto a sufrir; se maravilló de lo privilegiada que era al ser hija de Dios, y no la huérfana desvalida que había creído ser toda su vida. Descubrió que Dios jamás la había abandonado, y se dio cuenta de la infinidad de veces que Dios la había cuidado y protegido. Las verdades reveladas a su conciencia comenzaron a florecer y empezó a sentir de nuevo la alegría de vivir (antes tenía tendencia a la tristeza). En otras palabras, nació de nuevo.

Montevideo Como un niño a medida que crece, se desarrolla, mira con asombro su entorno y disfruta de todo lo que tiene a su alrededor, así fue como mi madre se dio cuenta de que estaba bien. Las ideas acerca de Dios y el hombre que le reveló el libro Ciencia y Salud la sanaron.

De todo esto ya han pasado muchos años y mi madre goza de espléndida salud. Se mantiene activa sirviendo en su iglesia y tiene la satisfacción de ser un ejemplo para sus nietos y familia.

Gracias a ella conocí la Christian Science: toda esta experiencia vivida despertó mi interés en saber cómo se produjo su curación.

Mi madre siempre me señalaba pasajes de Ciencia y Salud para que los estudiara. Recuerdo que algunos hasta los memorizaba mientras realizaba las tareas del hogar. Para entonces yo ya estaba casada y con un bebé de año y medio, y el mismo día que aprendí la declaración científica del ser, de la página 468 de Ciencia y Salud, que empieza diciendo: "No hay vida, verdad, inteligencia ni sustancia en la materia", tuve mi primera oportunidad de reconocer el beneficio de confiar en las enseñanzas de la Christian Science.

Mi hijo había estado molesto todo el día, con evidentes muestras de alta temperatura. En un determinado momento durante la noche, me acerqué a su camita para ver cómo estaba y lo noté raro, así que lo levanté. Al hacerlo vi que estaba desvanecido y comenzó a ponerse morado. Recuerdo que corrí al baño con él en los brazos orando en voz alta, haciéndome presente a mí misma que Dios, la Mente infinita, era lo único que se estaba manifestando en ese momento, y que mi hijo era una manifestación espiritual de Dios. Hoy recuerdo con gratitud, cuál fue el resultado de haber confiado en Dios. En breve tiempo el bebé reaccionó llorando, se calmó paulatinamente, la temperatura bajó, y allí comenzó a crecer mi confianza en los medios espirituales de la Christian Science.

Hoy tengo una lista interminable de situaciones de toda índole que solucioné mediante el estudio y la aplicación de estas enseñanzas. Aprendí lo que es el sentido espiritual, y que todo lo que vemos a nuestro alrededor, o sea con los sentidos físicos, no nos da una imagen de la realidad.

Aprendí que si deseo obtener beneficios espirituales, debo aplicar la ley de Dios, y no aceptar ningún pensamiento contrario a la imagen y semejanza de Dios. Al comienzo me costó reconocer esa perfección donde aparecía el hombre mortal, pero paso a paso, aplicando y tratando de vivir cada día las enseñanzas de esta Ciencia, se fue revelando quién soy realmente. Hoy mi familia se apoya sólo en medios espirituales para toda situación a resolver. Nuestro matrimonio se ha visto bendecido con cuatro hijos que criamos con la ayuda de la Christian Science, que nos ha mostrado la eficacia de las leyes de Dios en nuestra vida. Fuimos demostrando progresivamente nuestra confianza y fidelidad a la Verdad y siempre salimos victoriosos.

 

Nelda E. C. de Motolko
Montevideo, Uruguay

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