El método de curación en la Ciencia Cristiana es totalmente mental —espiritualmente mental. Ni un sólo elemento de la materia o de la energía mental mortal entra en ella. Entraña la destrucción de todo lo que es errado y malo en la experiencia humana mediante la comprensión y expresión de la verdad espiritual, que es siempre correcta y buena.
Al prepararse para ser un sanador en la Ciencia Cristiana la persona debe desarrollar su espiritualidad dentro del marco de la integridad que Cristo Jesús vivió y enseñó. Se requiere aprender, como él hizo, que la Vida es Dios y que el hombre real creado por Dios es espiritual, bondadoso y bello, y ha sido hecho y es mantenido absolutamente perfecto en todo aspecto. También exige progreso diario no sólo en el conocimiento de estos hechos acerca de la presencia de Dios, el bien, y de Su idea perfecta, el hombre, sino en vivirlos, manteniendo el pensamiento en línea con lo que es divinamente real, y demostrando al hacerlo la presencia del bien no sólo para uno mismo, sino para otros también. Significa que debemos orar para tener perpetuamente en nosotros la Mente “que estaba también en Cristo Jesús”,1 de modo que siempre podamos honrar a Dios, el Espíritu divino, tanto en acciones como en pensamientos, expresando las cualidades de Verdad y Amor, demostrando siempre la perfección espiritual y la eternidad de la Vida con absoluta integridad como él hizo.
La integridad espiritual —la cual exige que no sólo digamos la verdad, sino que la vivamos— se encuentra entre las cualidades cristianas esenciales que uno necesita expresar para poder sanar. Y es, de hecho, natural que todos la expresemos. La integridad es una cualidad de Dios, el Principio divino, y, por lo tanto, una cualidad del hombre, la idea e imagen exacta de Dios. Cuando la expresamos probamos en cierto grado la unidad del hombre con Dios, la Verdad, y, al mismo tiempo, la presencia del bien espiritual con nosotros. Y cuando se demuestra que el bien está presente, se demuestra que el mal, el opuesto del bien, está ausente. Llegado este punto, el temor, la enfermedad, la escasez —todo tipo de discordancia— ha cedido a la alegría, la salud, la abundancia y la armonía en el bendito suceso que los seres humanos denominan curación.
La única manera posible de destruir realmente el mal mental —que puede expresarse externamente como una discordancia física o enfermedad— es tener fe en la presencia del bien y demostrarlo. Es axiomático que dos errores nunca resultan en una verdad. Sólo lo que es correcto anula lo que está equivocado. De forma similar, sólo la verdad neutraliza el error, el bien destruye el mal, el amor anula el odio.
La Sra. Eddy insiste en que todo aquel que quiera tener éxito en la curación por medios espirituales debe expresar un elevado grado de integridad y fortaleza moral, puesto que la destrucción del mal, cualquiera sea su forma, sólo puede producirse basándose en la demostración del Principio perfecto y la idea perfecta. Ella escribe: “El bien tiene que dominar los pensamientos del sanador, pues de lo contrario su demostración es tardía, peligrosa e imposible en la Ciencia. Un móvil maligno implica fracaso. En la Ciencia de la curación por la Mente es indispensable ser honesto, puesto que la victoria está del lado del bien inmutable”. 2
Jesús, que era un hombre de la más alta integridad, exigía de los demás la misma norma elevada. Censuraba la falta de honradez en todas sus formas. Al Maestro no sólo le preocupaban las acciones, sino también los pensamientos, e insistía que tanto los pensamientos como las acciones debían coincidir con las palabras. A los Fariseos los llamó “sepulcros blanqueados”, hipócritas, y advirtió a las multitudes y a sus discípulos que no siguieran el ejemplo de ellos, pues, a pesar de ser muy letrados, “dicen, y no hacen”. 3 Aquel que dice y no hace, pierde su habilidad para sanar. Demuestra que el bien no domina su pensamiento al punto de gobernar sus acciones. No demuestra su unidad con el Principio divino, como tampoco que Dios, o la Verdad, y la idea perfecta de Dios, el hombre, están presentes. Pierde el derecho a ejercer la autoridad, propia del Cristo, que tienen los hijos de Dios de negar y destruir la creencia mesmérica en el mal para beneficiar a otros, puesto que no lo ha negado ni destruido para él mismo. No obstante, en cualquier momento puede recuperar su derecho y su poder para sanar, volviendo a cumplir la norma de la verdadera consciencia, y probando su integridad siendo fiel a esa norma.
Cualquiera que, mediante la Ciencia Cristiana, haya percibido en cierta medida que la materia no tiene verdadera sustancia, sino que es la objetivación del pensamiento mortal, debe saber que nada material es en sí mismo dañino ni beneficioso. No puede ser ponzoñoso para la humanidad en una forma y curativo en otra. Uno puede repetir “la declaración científica del ser” de Ciencia y Salud como parte de su oración diaria por sí mismo y el mundo, y realmente creer que, como la misma afirma: “No hay vida, verdad, inteligencia ni sustancia en la materia. Todo es Mente infinita y su manifestación infinita, porque Dios es Todo-en-todo”. 4 Pero la integridad exige que esta declaración sea más que palabras.
A fin de demostrar la totalidad de Dios, de la Mente, sanando a otros, es esencial que el aspirante a practicista se apoye en la verdad espiritual para sanar sus propias dificultades. Tiene que superar tanto el temor a la materia como la fe en ella, y utilizar sólo medios espirituales para mantener su propia salud y armonía. Por ejemplo, la hipocresía de predicar que uno debe apoyarse en Dios y luego tomar una píldora para aliviar un dolor de cabeza, o recomendar un remedio así a otros, es pernicioso. Induce la pérdida de la habilidad para sanar a través de medios espirituales. Ciencia y Salud nos advierte: “Si vosotros mismos estáis perdidos en la creencia de enfermedad o pecado y en el temor a ellos, y si, conociendo el remedio, no usáis las energías de la Mente en beneficio propio, podéis ejercer poco poder o ninguno en auxilio de los demás”. 5
Pero un estudiante de la Ciencia que sabe la verdad y la vive, es fuerte. Su integridad lo sostendrá, y ayudará a equiparlo para practicar exitosamente la curación cristiana a favor de otros.
—Naomi Price
Publicado originalmente en el número de Octubre de 1973
de The Christian Science Journal.
1 Filipenses 2:5. 2 Ciencia y Salud, pág. 446. 3 Mateo 23, 3, 27. 4 Ciencia y Salud, pág. 468. 5 ibíd., pág. 455.