Todavía recuerdo la seria mirada del abuelo de mi esposa mientras conversábamos. Él se sentía muy escéptico respecto a mi elección de carrera. Me preguntó: “¿Puedes ganarte la vida como practicista?”
Ahora, al recordar lo ocurrido, comprendo por qué estaba tan preocupado. Él era un hombre de negocios que con todo esfuerzo había fundado su propia compañía impresora. Yo tenía una carrera como ingeniero de sonido, pero después de un año renuncié y comencé a prepararme para trabajar profesionalmente como practicista de la Ciencia Cristiana. El abuelo no sabía mucho de la Ciencia Cristiana y no podía entender por qué iba yo a dejar un trabajo remunerado para hacer algo que, para él, no tenía muchas posibilidades de producir entradas. Yo sabía que lo que realmente me estaba preguntando era “¿Cómo vas a mantener a mi nieta?”
Antes de tomar esta decisión, yo había terminado la clase de instrucción Primaria con un maestro autorizado de la Ciencia Cristiana, y me encantaba la idea de pasar mi tiempo en la práctica de curación. Puedo decir sinceramente que me sentía más feliz que nunca. Disfrutaba al estudiar a fondo la Biblia y los escritos de Mary Baker Eddy, y tener tiempo ininterrumpido para orar, reflexionar y crecer espiritualmente. Fue una época para expresar humildad, examinarme a mí mismo y obtener una mayor comprensión de la Ciencia Cristiana como el Consolador que Cristo Jesús nos prometió. Me daba cuenta de que sentir devoción por la curación espiritual basada en un amor cada vez más profundo a Dios y a la humanidad, era lo más importante que podía hacer en mi vida.
Mi práctica —en realidad, recibir pedidos para orar por los demás— estaba creciendo lentamente. No se acercaba ni remotamente a ser una entrada con la cual vivir. De hecho, mi esposa era la que ganaba la mayor parte del dinero en nuestra familia.
Hoy me doy cuenta de que mi extraña discusión con el patriarca de la familia fue en realidad una llamada de atención para que yo considerara honestamente lo que significa establecer y mantener una práctica de curación profesional. Comprendí que todo aquel que ha establecido un negocio con éxito, ha tenido que trabajar muy duro y tomarlo muy seriamente para lograrlo. Para mí fue obvio que yo necesitaba tener esa misma ética de trabajo. Me encantaba la idea de la práctica, pero no era suficiente. Para tener verdadero éxito en mi práctica sanadora tenía que tratarla como una profesión, así como un ministerio. Como tal, mi meta tenía que ser más que un ideal espiritual inspirado. Mi práctica sanadora tendría que ser práctica, responsable y viable, además de eficaz.
Yo ya dedicaba mucho tiempo a orar y estudiar, pero ahora estaba orando, estudiando y esforzándome por demostrar cada aspecto de una práctica profesional de tiempo completo. Comencé a ver los diferentes y variados aspectos de la práctica de una manera diferente.
Honorarios
Obviamente, la meta de la práctica sanadora es la curación eficaz, no ganar dinero. Sin embargo, a menudo uno de los primeros temas que uno tiene que resolver cuando establece la práctica de curación profesional es el hecho de recibir dinero de los pacientes.
Noté que muchos practicistas que yo conocía se negaban a cobrar, o cobraban muy poco por su trabajo. Al principio yo también me sentía reacio a cobrar mucho. Sentía como que de alguna forma estaba disminuyendo la pureza espiritual de mi práctica. No obstante, sabía que mi maestro de la Ciencia Cristiana y otros vivían cómodamente con las entradas que recibían únicamente de la práctica. Al pensar en esto, me pareció que no se trataba tanto del dinero, como del valor que tiene la práctica y de la identidad. ¿Qué representaba mi práctica para el público? Si yo no le daba el reconocimiento que merecía, ¿cómo iba a esperar que otros lo hicieran?
Yo había escuchado decir: “Tu provisión viene de Dios, no de tus pacientes”. Esto puede ser cierto, pero casi hace pensar que no deberíamos esperar recibir todas nuestras entradas de los pacientes que sanan. Sin embargo, descubrí que Mary Baker Eddy esperaba esto. En el Manual de La Iglesia Madre ella escribió: “Los miembros de esta Iglesia que ejerzan otras profesiones o sigan otras vocaciones no podrán anunciarse como sanadores, excepto aquellos miembros que estén desempeñando oficialmente alguna labor de la Ciencia Cristiana, y ellos deben dedicar tiempo suficiente para atender a su práctica con fidelidad”. 1 Razoné que el requisito de que los practicistas que se anuncian en el Journal y que están totalmente disponibles al público no existiría si Mary Baker Eddy no esperara que los practicistas vivieran de lo que les cobraran a sus pacientes.
Encontré una confirmación aún más sólida de esta conclusión en otro libro: “Los practicistas de la Ciencia Cristiana deberían cobrar por sus tratamientos los mismos honorarios que cobran los médicos de buena reputación, en sus respectivas localidades”.2 Me pareció que aquí se tenía la expectativa de que los practicistas con prácticas activas debían ser capaces de tener el mismo tipo de entrada que un “médico de buena reputación”. Me pregunté: ¿Estoy tomando realmente en serio esta indicación? ¿Es posible hacer eso hoy? De modo que me comuniqué con varias clínicas y pregunté cuánto costaba una consulta con un médico. Aunque un médico tiene gastos adicionales, como son el equipo, la asistente en el consultorio y el seguro, me dio una idea general de cuál deberían ser mis honorarios.
Me resultó interesante que el hecho de establecer un honorario adecuado para mi práctica de ninguna manera redujo el número de pacientes; por el contrario, mi práctica comenzó a crecer.
Disponibilidad
Parte de la cita del Manual de la Iglesia que mencioné antes dice que los practicistas que “ejerzan otras profesiones o sigan otras vocaciones” no deberán anunciarse en el Christian Science Journal. Al no tener ninguna otra profesión o vocación que la práctica de curación, podemos estar totalmente dedicados y disponibles para esta labor. Sin embargo, la queja que más que ninguna otra he escuchado constantemente acerca de los practicistas es la falta de disponibilidad.
Al pensar en esta norma del Manual, me pareció que estar disponible para orar por los demás no se trata simplemente de las horas que pasamos junto al teléfono. Si mi práctica estaba realmente fundada en el amor semejante al Cristo, no simplemente un amor humano, por los demás, vendría acompañada tanto de la consciencia espiritual de las necesidades de los demás, como de mi compromiso de responder a las mismas.
El ejemplo de Cristo Jesús es un modelo perfecto en lo que respecta a todos los aspectos de la práctica, especialmente cuando se trata de la disponibilidad. Jesús demostró tal discernimiento espiritual que sabía exactamente dónde debía estar, a quién acercarse y cómo responder, a cualquier hora, de día o de noche. Él no sólo demostró que estaba listo para la curación las veinticuatro horas del día, todos los días, sino que estaba alerta y consciente de la necesidad en cada caso, aspectos esenciales en cualquier práctica de curación exitosa.
¿Puede acaso ser una carga tener una práctica que está disponible todo el tiempo? Como una mera carrera humana, sí. Si nuestra práctica sanadora se basa en un modelo basado en el Cristo, entonces debe irradiar dominio, paz, tranquilidad y regeneración espiritual. Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. 3 ¿Acaso no es la práctica sanadora que se basa en este modelo el lugar perfecto para probar las palabras de Mary Baker Eddy: “El descanso más elevado y dulce, aun desde un punto de vista humano, se encuentra en la labor sagrada”? 4
Con la expectativa de una curación rápida y completa
Puede parecer extraño pensar que un practicista de la Ciencia Cristiana no espere una curación rápida, pero las tentaciones sutiles están allí. Una de las más grandes es permitirse “retener”, aceptando un caso por un tiempo predeterminado. Es posible que usted escuche declaraciones como éstas: “¿Me podría seguir apoyando hasta el fin de semana?” “¿La semana que viene tengo un evento importante. ¿Podría orar por mí hasta entonces?” “Yo tengo un problema desde hace mucho tiempo. ¿Podríamos acordar una hora determinada para orar cada semana?” En cada una de estas situaciones el paciente cree que el bien se va a retrasar. Y el practicista debe estar alerta a esa creencia para poder representar lo inmediato que es la bendición de Dios, y esperarla.
El Manual de la Iglesia lo declara de la mejor manera: “Yo recomiendo que cada miembro de esta Iglesia se esfuerce por demostrar con su práctica que la Ciencia Cristiana sana al enfermo rápida y completamente, probando así que esta Ciencia es todo lo que afirmamos que es”. 5
Cómo enfrentar la oposición a la práctica
Hoy, considero que la pregunta que me hizo el abuelo de mi esposa fue una crítica constructiva. No obstante, hay críticas sobre la práctica que no son constructivas. Cuando estaba estableciendo mi práctica, me sorprendió cuántas cosas ocurrieron que me hicieron preguntar si valía la pena seguir adelante. Tuve una serie de desafíos físicos, críticas de otros, incluso de buenos amigos, así como la sensación de que yo no tenía la capacidad necesaria. En aquel entonces, pensaba que sólo me pasaba a mí. Años después descubrí que yo no era el único. De hecho, he sabido de muchos practicistas que tuvieron que enfrentar los mismos desafíos y más aún.
Si bien la tendencia es pensar que se trata únicamente de problemas de naturaleza personal, no lo son. Estos desafíos representan la oposición de la mente carnal a que nos dediquemos totalmente al ministerio de curación del Cristo, a lo que Mary Baker Eddy llamó “la posición más elevada en esta esfera del ser”. 6 Otra forma de ver esto es preguntarnos: ¿A qué se opondría más la mente carnal que a la práctica sanadora que sigue los pasos de Cristo Jesús? De modo que ¿por qué habríamos de subestimar la necesidad de enfrentar la oposición agresiva a ella? Es por esta razón que los practicistas alertas enfrentan esta oposición a diario.
Una manera en que hice esto fue afirmar diariamente mi obediencia a la ley de Dios y mi estado de alerta contra cualquier creencia sutil del error. Esto también se transformó en parte de mi estudio. Quería estar seguro de no interpretar falazmente lo que Mary Baker Eddy dijo a este respecto, de modo que estudié todas las referencias sobre el magnetismo animal. Esto me resultó muy útil no sólo para desarmar la llamada influencia de la mente carnal, sino también para mantenerme alerta a la naturaleza mental de estas creencias antes de que tuvieran algún impacto.
Elección de pacientes
Se necesita de mucha sabiduría y oración antes, durante y después de un caso. De hecho, la Sra. Eddy incluso escribió que la elección de pacientes se deja “a juicio del practicista”. 7 Aunque los practicistas nunca dan consejos o recomendaciones humanas a un paciente, ellos deciden cuál es la mejor manera de tratar cada caso y si deben continuar o no. Es verdad, cada llamada de ayuda debe responderse con amor y bendiciones. No obstante, hay ocasiones en las que, por varias razones, lo más sabio es hacerse a un lado con todo amor. En todos los casos, tenemos que estar seguros de ver que es la sabiduría divina la que está actuando, no sólo la compasión humana o el frío razonamiento.
Quiero destacar que la experiencia de cada persona es individual. Cada uno establece su propia práctica de una manera muy particular y única. Sin embargo, la metafísica, la necesidad de defender a diario nuestra propia práctica y el designio que Mary Baker Eddy le dio a la práctica, se aplica a todos nosotros.
Reitero, es el amor que uno tiene por Dios y la humanidad, y nuestro estado de alerta a la oposición de la mente carnal, lo que realmente determina el éxito en la curación. Y esto trae las cualidades espirituales que son útiles en cualquier negocio, como son la dedicación, el orden, la constancia y el espíritu de servicio.
La riqueza de nuestra propia experiencia nos ayuda a llenar nuestro nicho tan particular como modernos discípulos de Jesús. Mary Baker Eddy nos dio el modelo para el practicista en su Manual de la Iglesia y en sus otros escritos. Valorar y confiar en este modelo en todo sentido, guía y protege todos los aspectos de nuestra práctica, a veces de maneras que no son muy evidentes en el momento. De esta forma, el practicista tiene la oportunidad de cumplir su ministerio. 8 ¿Qué más podría usted pedir de cualquier carrera?
—Phil Davis
Publicado originalmente en el número de Julio de 2008 de
The Christian Science Journal
1 Manual de La Iglesia Madre, pág. 82. 2 La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 237. 3 Mateo 11:28–30. 4 Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras, pág. 519–520. 5 Manual de la Iglesia, pág. 92. 6 L03524, Mary Baker Eddy to James A. Neal, January 29, 1897, The Mary Baker Eddy Collection, The Mary Baker Eddy Library. 7 Manual de la Iglesia, pág. 87. 8 Véase 2 Timoteo 4:5.