Lyle Young
Les envío este blog desde un avión Airbus A320 en algún lado entre Costa Rica y Quito, Ecuador. Y tengo que decirles que en los 45 minutos que nos detuvimos en el aeropuerto de San José, en Costa Rica, volando desde la Ciudad de México rumbo a nuestro destino de hoy, Quito, no logré ver ni un resplandeciente quetzal ni un perezoso de tres dedos, tan característicos de Costa Rica. Sin embargo, lo que vimos en los seminarios sobre la práctica pública y la enfermería de la Ciencia Cristiana, que mi amiga, Alessandra y yo dirigimos en Guadalajara y en la Ciudad de México, fue mucho mejor: el anhelo espiritual de comprender cómo ayudar a los demás mediante la oración.
¿De dónde proviene este deseo de ayudar a los demás mediante la oración? Pienso que viene de la gracia de Dios.
El cristianismo siempre ha tenido mucho que ver con la gracia. El Evangelio según Juan afirma: “La ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (1:17). Y Pablo escribió que él no merecía ser llamado apóstol porque persiguió a la iglesia, pero que la gracia de Dios que se le había otorgado, le permitió ser lo que terminó siendo: un gran apóstol (véase 1 Corintios 15:9, 10). Citando a Pablo, Mary Baker Eddy escribió que fue “el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de Su poder”, lo que le había dado a ella la convicción de que la Ciencia Cristiana era veraz (véase Ciencia y Salud, pág. 108).
En México percibí la gracia expresada en la señora que, aunque no sale para asistir a la iglesia, contribuyó monetariamente para pagar estos seminarios; también la vi expresada en aquellos que viajaron 1200 kilómetros (700 millas) para asistir a los seminarios; y también en la mujer que hizo esta atenta pregunta: “Yo trabajo mucho en pro de la justicia social, ¿cómo puedo denunciar simultáneamente la corrupción y afirmar que sólo Dios gobierna?”
Lo que observo en estos seminarios es que la gracia de Dios nos da tanto el deseo como la capacidad de ayudar a los demás mediante la oración. La gracia de Dios nos ayuda tanto a afirmar que el amor de Dios es infinito, incondicional y sanador, como a denunciar que aquello que es un obstáculo para las bendiciones de Dios para todos Sus hijos, no tiene poder.
Espero aterrizar en Quito en 30 minutos.
Por Lyle Young