La gente a menudo piensa que se necesita mucha fe para sanar mediante la oración. Aparentemente los primeros apóstoles cristianos pensaban lo mismo. Cuando le imploraron a Jesús: “Auméntanos la fe”, él les dijo que con una fe tan pequeña como una semillita podrían ordenar a un árbol que se desarraigara y saltara al mar, y lo haría.1 Con esta respuesta tan hábil, Jesús rechazó por completo la noción de que la fe de ellos tendría que expresarse en grandes cantidades. Él apartó sus pensamientos de la cantidad de fe que poseían y los dirigió hacia el poder que se encontraba detrás de la fe.
Jesús enseñó que el poder de la oración no se halla tanto en la fe de la persona que ora, sino en lo que uno tiene fe. Ponía absoluta fe en Dios, la Verdad omnipotente, como el poder sanador, y lo mismo hace la Ciencia Cristiana. Jesús indicó claramente que la Verdad divina se puede conocer y comprender de manera que la fe que uno tiene no sea ciega, sino iluminada, y que esta comprensión se obtiene siguiendo lealmente las enseñanzas de él. Dijo: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. 2
Nótese que Jesús dijo “la verdad os hará libres”, no dijo que el hecho de conocer la verdad nos hace libres.
Yo siento que es muy liberador pensar en términos de ser leal, en lugar de tener que esforzarse por tener más fe. Este tipo de enfoque hace que me concentre más en comprender a Dios como Verdad, y luego ser leal a lo que estoy aprendiendo. Todos tenemos el sentido espiritual, la capacidad otorgada por Dios, de percibir y comprender la Ciencia divina de la Verdad que se encuentra detrás del poder sanador de Jesús. Es un hecho que uno nunca puede decir que ha alcanzado un conocimiento tan pleno de la Verdad divina que ya no tiene más que aprender. Obtener una comprensión verdadera de Dios es una labor de aprendizaje de toda la vida. Mary Baker Eddy, la Descubridora de la Ciencia del Cristo, la Verdad, indicó esto muy claramente cuando dijo: “Un grano de Ciencia Cristiana hace maravillas por los mortales, tan omnipotente es la Verdad, pero hay que asimilar más de la Ciencia Cristiana para continuar haciendo el bien”. 3 No obstante, lo maravilloso es que ser leal a lo que estamos aprendiendo acerca de la Verdad trae el poder sanador omnipotente de la Verdad a nuestra experiencia actual. Y esto hace que valga la pena el esfuerzo de tener la disciplina necesaria.
Por ejemplo, yo he sido estudiante de la Ciencia Cristiana por más de 50 años. Cada una de las muchas curaciones que he tenido se han producido de la misma manera, aprendiendo la verdad acerca de Dios y siendo leal a la Verdad reconociendo la consecuente falsedad de alguna discordancia. Es allí donde se necesita tener disciplina.
Es muy fácil aceptar sin cuestionar la plétora de enfermedades y cuadros perturbadores que están ante nuestra vista como si fueran reales y verdaderos, especialmente aquellos que ocurren en nuestra propia vida. Para ser leal a Dios, y de ese modo sanar esas situaciones, tenemos que estar bien conscientes de que Dios es la Verdad. Para mí no hay mejor manera de hacerlo que a través del estudio diario y sincero de la Ciencia Cristiana, acompañado de momentos de comunión con Dios en oración.
Permítame compartir con usted algunas cosas que los libros de texto de la Ciencia Cristiana —la Biblia y Ciencia y Salud— me enseñan acerca de Dios como Verdad.
Dios es la Verdad porque Dios es la única Causa, el único Creador. La Verdad inmortal es el Principio, la Mente, el Alma, el Espíritu y la Vida de todo lo que Dios crea. La Verdad es el Amor divino e invariable que no permite error alguno —ninguna limitación, corrupción, enfermedad— ni en sí mismo ni en su creación. Debido a que es toda-presencia y todo-poder, la Verdad excluye la existencia del error; por lo tanto, todo lo que es desemejante a Dios es falso, irreal, nada más que una ilusión de la mente humana. La Verdad sana liberando a la mente humana de creer, en su ignorancia, en lo que es falso acerca de Dios y Su creación.
Esto es mucho para asimilar. Por eso es tan importante dar a Dios nuestra completa atención en nuestros momentos de estudio y oración, y mantener en nuestro pensamiento lo que sabemos que es cierto acerca de Dios, durante todo el día. Estamos acostumbrados a juzgar qué es real y qué es irreal a través de lo que nos dicen nuestros ojos y oídos, cuando en realidad la Verdad divina se comprende mediante nuestro sentido espiritual. El ser leal y estar alerta a vivir las cualidades espirituales que presentan las enseñanzas de Jesús —las Bienaventuranzas, 4 por ejemplo— espiritualiza la calidad de nuestro pensamiento. Esto agudiza nuestro sentido espiritual y nos permite razonar claramente que la Verdad es la única realidad, a pesar de lo que nos dicen los cinco sentidos.
Lo que trae el poder sanador de Dios a nuestra experiencia, no es tanto lo mucho que sabemos de Dios, sino lo leales somos a eso que sabemos. Hace poco tuve una curación que ilustra este punto. Una mañana, sonó mi alarma. Comencé a mover la pierna hacia el lado de la cama y mi pierna estaba rígida y adolorida. Luego moví el brazo y ocurrió lo mismo. Cada parte de mi cuerpo estaba rígida y adolorida. Pensé: ¿Qué? ¿Acaso me transformé en una anciana de la noche a la mañana? Me reí un poco al pensar en eso. Luego comencé a orar.
Al levantarme lentamente de la cama y prepararme para el día, volví mi pensamiento a Dios como la única Causa. Me di cuenta de que necesitaba amar a Dios profundamente, y no permitir que se me hiciera creer algo que no es verdad acerca de Él. De manera que cada vez que me venía la sugestión de que había otra causa aparte de Dios, como el tiempo, la edad o haber hecho demasiado esfuerzo, mentalmente razonaba que puesto que Dios es la única Causa, la rigidez no tenía causa alguna.
Mis miembros se fueron aflojando durante el día, pero a la mañana siguiente fue la misma historia e hice la misma oración. Me vestí y al salir de mi habitación, de pronto me detuve por un momento. Pensé: Bueno, si esta rigidez no tiene causa, entonces no existe. Y no existió más. Todos los síntomas de rigidez y dolor desaparecieron instantáneamente y no volvieron a manifestarse nunca más. La Verdad divina liberó mi pensamiento y me sanó.
¿Acaso esta curación se produjo porque de pronto tuve una mayor cantidad de fe en la Verdad de la que tenía un momento antes? No. Se produjo porque mi fe en la Verdad como la única Causa superó mi fe equivocada en las causas materiales y las destruyó. Como afirma Ciencia y Salud: “Cuando lleguemos a tener más fe en la verdad del ser que en el error, …entonces ninguna suposición material podrá impedir que sanemos a los enfermos y destruyamos el error”. 5 Lo que yo realmente necesitaba era tener menos fe en el error.
No es difícil tener fe en lo que uno sabe que es verdad, a menos que a uno le puedan hacer creer una mentira. De modo que lleve su pensamiento sincero y receptivo al estudio diario de la Ciencia Cristiana y tenga momentos de valiosa comunión con Dios. Reflexione acerca de la Verdad. Ámela. Explore la diversidad de hermosas cualidades espirituales que conforman el ser de Dios y compenetran el verdadero ser del hombre (de todos) por ser Su reflejo espiritual. Luego, sea leal a la Verdad. No permita que la ignorancia espiritual que flota a su alrededor, en la atmósfera general del pensamiento humano, le haga creer que lo que usted sabe no es cierto.
No importa cuán pequeña crear usted que es su fe en la Verdad, sea leal a ella, y experimentará el poder sanador y liberador de la Verdad.
—Barbara Vining
Publicado originalmente en el número de Junio de 2008 de
The Christian Science Journal.
1 Véase Lucas 17:5, 6. 2 Juan 8:31, 32. 3Ciencia y Salud, pág. 449. 4 Mateo 5:3–12. 5 Ciencia y Salud, pág. 368.