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Para Ser Enfermero

La teología de la atención a la salud

En la tradición cristiana la norma a seguir para cuidar del prójimo se basa en la parábola del buen Samaritano que relató Cristo Jesús. El mensaje de esta parábola proporciona una base teológica para brindar el cuidado físico a quien lo necesita. El intérprete de la ley cuyas preguntas motivaron tal ilustración, había resumido la manera de obtener la vida eterna citando la ley Mosaica: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús aprobó esta declaración.

Luego, el intérprete de la ley preguntó “¿quién es mi prójimo?”,1 y en respuesta el Maestro relató la parábola del buen samaritano. No obstante, es evidente que, al aprobar aquella declaración del intérprete de la ley, Jesús indicó claramente que la obediencia al segundo mandamiento —amar a nuestro prójimo— requiere lógicamente la obediencia al primero: amar a Dios. El ministerio cristiano de cuidar del prójimo se apoya en la ayuda divina. Mediante nuestra adoración a Dios recibimos respaldo espiritual y obtenemos la fortaleza para ayudar a otros.

En la creación perfecta de Dios, la armonía es perpetua. El cuidado de Dios es Su propio amor perfecto por todo lo que ha creado, brindando así el bien infinito. La comprensión espiritual del Amor divino hace que se manifieste una ayuda humana que está imbuida del poder de Dios.

Toda necesidad de ayuda humana es temporal. La verdad fundamental acerca de la totalidad espiritual e individual del hombre incluye el hecho de que en realidad cada uno de nosotros depende de Dios, no los unos de los otros, y todos podemos recurrir a Él en busca de ayuda y recibirla. Mary Baker Eddy nos dice: “Nadie puede salvarse sin la ayuda de Dios, y Dios ayudará a todo hombre que hace su propia parte. De esta manera y de ningún otro modo a todo hombre se le cuida y bendice”. 2

Cristo Jesús amaba a su prójimo. Después de describir el sencillo lugar donde el Maestro dio la serie de lecciones conocidas como el Sermón del Monte, la Sra. Eddy dice: “En esta sencillez, y con tal fidelidad, vemos a Jesús ministrar la necesidad espiritual de todos los que se pusieron bajo su cuidado, siempre guiándolos hacia el orden divino, bajo el influjo de su perfecta comprensión”. 3 Lo que Jesús hizo por los hombres fue tangible, pero muy característico de él y profundamente espiritual. Sus esfuerzos respondieron a la necesidad humana; aquellos que buscaron su ayuda fueron sanados y quienes recibieron su enseñanza fueron salvos. Jesús probó que nuestras necesidades son en realidad espirituales, no materiales, y que Dios, el Espíritu, nos proporciona el respaldo espiritual para sentirnos totalmente satisfechos. Jesús vivió su propia parábola del buen Samaritano.

La espiritualidad del Maestro gobernaba su vida humana de manera categórica; le permitió demostrar la naturaleza del amor de Dios. Él enseñó y vivió al Cristo. Aun ante la discordia Jesús sabía cuál era la verdad, y mediante su comprensión espiritual demostró la supremacía de Dios, anulando el sentido mortal. Esta comprensión aún brinda al prójimo el mismo cuidado que en el ministerio de Jesús. Esto es evidencia del cuidado de Dios por nosotros. En esta provisión divina no hay fallas, equivocaciones ni insuficiencia. Ninguna interpretación de la creencia mortal tiene la capacidad de resistir al Cristo.

El ministerio de atención al prójimo que llevó a cabo el Maestro incluía la curación, pero dicho cuidado también se manifestaba en su enseñanza y prédica. Hoy en día, las actividades de la Iglesia de Cristo, Científico, proporcionan el mismo ministerio completo. Cada función de la Iglesia que estableció la Sra. Eddy en el Manual de La Iglesia Madre es una actividad que brinda el cuidado necesario, entre ellas, las Lecciones Bíblicas (en el Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana), los servicios religiosos, las Salas de Lectura de la Ciencia Cristiana, la instrucción en clase, las conferencias públicas y la labor de La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana. Y recibimos la atención adecuada de la forma más personal mediante la ayuda que brindan los practicistas y enfermeros de la Ciencia Cristiana.

La atención al prójimo, como expresión del Amor divino, no omite el cuidado adecuado de nosotros mismos, y esto comienza cuidando bien de nuestro propio pensamiento, que no es de ninguna manera una tarea que se pueda tomar a la ligera. Cada nuevo día toma forma de acuerdo con la acción del pensamiento. ¿Qué pensamientos vamos a tener? ¿Qué conceptos acerca de la vida respetamos? Cuando comenzamos el día con la oración, incluso el estudio de la Biblia y del libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud por la Sra. Eddy, obtenemos y mantenemos la inspirada comprensión de nuestra unicidad con Dios. Entonces las demandas que enfrentamos se llevan a cabo con iluminación espiritual, y hay menos probabilidades de que seamos influidos por el materialismo.

El entendimiento espiritual nos permite reconocer el cuidado siempre presente de Dios, pero es necesario cultivar este entendimiento. Cuando nuestro pensamiento manifiesta una profunda preparación espiritual, todo lo que necesitemos para cuidar bien de nosotros mismos se manifestará naturalmente.

Otro aspecto del cuidado que debemos brindar es amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Pablo consideraba que los miembros de la Iglesia eran un solo cuerpo en Cristo. Él dijo: “Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros”. 4

La persona que solicita los servicios de un enfermero de la Ciencia Cristiana está enfrentando su necesidad humana desde una perspectiva espiritual. El cuidado físico que se brinda en armonía con la teología del paciente apoya su crecimiento espiritual, y al mismo tiempo apoya el tratamiento que ofrece el practicista. La enfermería en la Ciencia Cristiana exige la capacidad y la habilidad que sólo se adquiere mediante un firme desarrollo espiritual, minucioso entrenamiento y práctica dedicada. La atención que brinda la enfermería de la Ciencia Cristiana elimina la separación entre lo que el paciente necesita que se haga y lo que puede hacer por sí mismo, hasta que pueda hacerlo por sí mismo.

El sentido mortal de la existencia se aferra a un concepto diferente de atención al prójimo. Las emociones y sensaciones humanas insisten en que lo principal es que haya un cambio físico o una mejoría, y que los requisitos espirituales son secundarios o incluso imposibles de cumplir frente a la discordancia física. Si uno se somete a estas declaraciones, se somete al dominio de la materialidad. Entonces los esfuerzos por brindar la ayuda necesaria son restringidos por la mortalidad, y la ansiedad agota nuestros recursos. Para experimentar consuelo y curación genuinas la persona tiene que reafirmar su empeño espiritual mediante la adoración a Dios.

La demostración en la Ciencia Cristiana desplaza el concepto mortal a la vez que cuida del ser humano, y la Ciencia Cristiana tiene la autoridad y el poder de desplazar dicho concepto en todos los casos. En Rudimentos de la Ciencia Divina la Sra. Eddy escribe: “La Ciencia Cristiana borra de la mente de los enfermos la creencia equivocada de que viven en la materia o a causa de ella, o que un llamado organismo material gobierna la salud o la existencia de los hombres, y nos induce a descansar en Dios, el Amor divino, quien cuida de todas las condiciones que se requieren para el bienestar del hombre”. 5 Lo que realmente facilita esta acción sanadora es la práctica correcta y exitosa de la atención a la salud.

La curación y restauración espiritual es un precepto divino que no puede ser frustrado por la condición humana o los reclamos mortales. Los síntomas físicos son sometidos y ceden mediante la expresión de nuestra verdadera naturaleza espiritual, inspirada por Dios.

En situaciones donde se necesita extenso cuidado, no quiere decir necesariamente que dicho cuidado esté apoyando una experiencia que no progresa. Sólo el concepto mortal errado acerca de la vida afirma que ciertas circunstancias requieren atención perpetua o que la ayuda del enfermero no es lo suficientemente espiritual como para apoyar el progreso y la curación. Hasta que la familia humana avance más allá de las situaciones que requieren extenso cuidado, vamos a tener que dominarlas. Cada etapa de la situación humana debe ponerse bajo la autoridad divina.

Cuando alguien que conocemos tiene que superar un desafío, la atmósfera que rodea a esa persona debe ser científica: sólo se debe admitir ser un testigo puro, espiritual y firme. Esto es mucho más útil que preguntarnos cómo se siente el paciente, o quizás incluso especular sobre qué tipo de dolencia o qué edad tiene. La atmósfera pura del pensamiento preciso y científico sostiene nuestras convicciones teológicas y éste es el cuidado que nos debemos brindar los unos a otros.

Nuestros pensamientos en presencia del enfermo registran nuestra propia fortaleza o debilidad espiritual. Contribuyen a nuestro constante progreso o falta del mismo, y son una medida de en qué grado valoramos la idea de Dios, el hombre, o cuidamos en cambio del concepto mortal. El propósito de ofrecer un cuidado consagrado es lograr dominar cada vez más la mortalidad para poder ayudar a toda la humanidad.

No es inusual que aquellos que se dedican a la práctica y a la enfermería de la Ciencia Cristiana enfrenten los desafíos más grandes de la experiencia humana. Es en dichas ocasiones en que ellos pueden ayudar más eficazmente a responder a la necesidad que existe mediante una demostrada fortaleza espiritual. No obstante, el instinto humano sugerirá que es conveniente y posible evitar tener contacto con esos desafíos más grandes. Este argumento también sugiere que la enfermería y la labor del practicista de la Ciencia Cristiana no son atractivos campos de trabajo.

Mantenerse apartado de las grandes demandas o sentirse satisfecho con las preocupaciones ordinarias del materialismo, puede dejarnos con un desarrollo metafísico rudimentario y conferir a las dificultades humanas un aparente poder misterioso. Estar dispuestos a responder a las grandes demandas hace que madure nuestra comprensión a través de la experiencia y desarrolla nuestras capacidades espirituales. Nos sentimos inspirados a ayudar a los demás en situaciones humanas difíciles porque tenemos la certeza de que el mal es totalmente irreal, y tenemos la convicción de que la curación es inevitable.

La demostración y la curación espiritual nos permiten obtener una mayor percepción del verdadero poder que se puede alcanzar en la vida humana. Dichas experiencias nos enseñan que la enfermedad y la muerte son amenazas vanas. No son horribles posibilidades que puedan violar nuestra teología. La recompensa que recibimos por ayudar a los demás o por enfrentar estos desafíos nosotros mismos y demostrar nuestra teología a cada paso del camino, es el progreso espiritual. A través de dicho crecimiento habrá más personas entre nosotros que encontrarán el camino abierto para hacer una carrera como practicista o enfermero de la Ciencia Cristiana. Esta dedicación para aumentar los logros espirituales debe tomar forma para llevar adelante la Causa de la Ciencia Cristiana.

El hecho de que haya servicios y sanatorios de enfermeros de la Ciencia Cristiana no garantiza el cumplimiento de su propósito espiritual. Esa garantía se forja a través de la vida de los Científicos Cristianos encargados de la dedicada práctica de su teología. La experiencia y la comprensión espiritual de los enfermeros y practicistas de la Ciencia Cristiana, de los pacientes y de todo el personal, forman la verdadera estructura de un sanatorio de enfermería. Este es el “acero” que las tormentas no pueden mover. Sostiene a cada uno y a todos juntos en la progresiva demostración de la inmortalidad del hombre.

Hay mucho por hacer en la línea del desarrollo espiritual si queremos que la curación cristiana de la humanidad sea cada vez mayor. Se puede hacer y se va a lograr. Debe hacerse en cumplimiento de los requisitos divinos. Todo estudiante que mantiene una práctica diaria y progresiva de la Ciencia Cristiana está ayudando a preparar el clima de pensamiento que trae cada vez más curación. La consciencia humana necesita esperar más y sentirse inspirada al esforzarse por lograr más.

El bienestar humano es tanto una demostración individual como colectiva. Entraña nuestra relación los unos con los otros, pero en realidad descansa en la relación que tiene el individuo con Dios. El amor a Dios es lo que nos impulsa a desarrollar nuestras capacidades espirituales en la curación mediante el Cristo. A través de este desarrollo, el amor que sentimos hacia nuestros semejantes, con su profundo anhelo de ayudar a eliminar el flagelo de la enfermedad y la muerte de la familia humana, será manifestado en pruebas cada vez mayores de la Ciencia Cristiana.

Publicado originalmente en el número de Julio de 1982 de The Christian Science Journal.

1 Lucas 10:25–37. 2 Retrospección e Introspección, pág. 86. 3 ibíd., pág. 91. 4 1 Corintios 12:24, 25. 5 Rudimentos de la Ciencia Divina, pág. 12.

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