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EXPLORAR – INSPIRAR – SANAR

SEGUNDO SIGLO DE LA CIENCIA CRISTIANA: PROFUNDIDAD, DIMENSION, DEMOSTRACION

Mensaje de la Junta Directiva de la Ciencia Cristiana

Esta serie está compuesta de diez artículos que analizan con toda franqueza dónde estamos en el segundo siglo del movimiento de la Ciencia Cristiana, y no escatiman palabras para expresar en qué dirección debemos ir. La serie ofrece ideas y observaciones, plantea preguntas difíciles y relata con sinceridad las experiencias espirituales que han tenido los autores. Además, presenta convicciones espirituales, firmes y renovadoras, respecto a la Ciencia del Cristo, y la profundidad, dimensión y demostración que todos podemos encontrar en ella.

ESTAMOS CASI en la mitad del segundo siglo del movimiento de la Ciencia Cristiana, si lo medimos a partir del descubrimiento de la Ciencia del Cristo que hizo Mary Baker Eddy en 1866. Como Científicos Cristianos es un buen momento para preguntarnos: ¿Qué ha cambiado en este segundo siglo?

Es obvio que los cambios externos en el mundo se han acelerado notablemente. Nosotros sabemos que la revelación final de la Ciencia divina permanece inalterada, pero, ¿qué se requiere ahora de los Científicos Cristianos para seguir adelante?

¿Qué esperaría la Sra. Eddy que harían sus seguidores hoy? ¿Cómo la veían a ella los Científicos Cristianos de principios del movimiento, cómo veían la Ciencia Cristiana y Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras? ¿Cómo los vemos nosotros, ahora? ¿Cómo podemos revitalizar nuestra percepción de la Causa y encender una vez más el fuego Pentecostal de los primeros años?

Reflexionar acerca de estas preguntas no es de ningún modo la labor de unos pocos en Boston, sino de los Científicos Cristianos en todo el mundo. En la Junta Directiva hemos estado orando por estas preguntas, escudriñando profundamente nuestro corazón y nuestro pensamiento, y recurriendo a la guía de Dios. Para comenzar a considerar juntos y con toda seriedad cuáles son las demandas de esta época, publicaremos artículos escritos por miembros de la Junta Directiva y otras personas, sobre temas claves y los desafíos del Segundo Siglo de la Ciencia Cristiana.

La respuesta, alegre y vital, de un movimiento joven a la nueva e inigualable revelación de la realidad divina, fue lo que produjo una unidad y solidaridad tan sorprendente por la Causa, así como el aumento en la práctica sanadora de la Ciencia Cristiana. Pero, de acuerdo con la Sra. Eddy, en nuestro segundo siglo como Científicos Cristianos, es obvio que se necesita más que esa alegría inicial y sencilla respuesta. Ella más que nadie comprendió, vivió y demostró la grandeza de la Ciencia Cristiana. No es de sorprender que haya escrito: “La posteridad tendrá el derecho de exigir que la Ciencia Cristiana sea declarada y demostrada en su santidad y grandeza —que aunque sea poco lo enseñado o aprendido, ese poco tendrá que ser correcto”.1

¿En este momento no tiene acaso nuestra Causa la gran demanda de alcanzar una comprensión renovada y mucho más profunda de la majestad y dimensión universal de la Ciencia divina que ya ha sido revelada? Ya no es suficiente estar informalmente de acuerdo con nuestras declaraciones preferidas acerca de la Verdad. Las mismas tienen que cambiar patentemente nuestra forma de vida. Deben vivirse y demostrarse en la práctica, sanándonos a nosotros mismos y a los demás, por la Iglesia y por el bienestar de la humanidad.

Toda la serie de Segundo Siglo se centrará en lo que Mary Baker Eddy denomina la “majestad de la Ciencia Cristiana” misma, en su fuente divina, su impulso divino y las infinitas dimensiones del Espíritu. Como Científicos Cristianos, sabemos que es a partir de este fundamento —y sólo desde esta “base ilimitada” 2— que cada uno de nosotros encuentra el pan del Cristo, la Verdad, y puede compartirlo con un mundo que nunca ha estado más hambriento o con necesidad de luz y curación espiritual. Alcanzar una mayor comprensión de la inmensa realidad y realismo del Principio divino, el Amor, nos capacita para amar a nuestro prójimo, como el corazón tanto anhela hacer.

Mary Baker Eddy escribió: “A medida que trabajáis, los tiempos adelantan; porque la majestad de la Ciencia Cristiana enseña la majestad del hombre”. 3 Las agresiones de la sociedad materialista —y la humanidad que cada vez más clama por alcanzar un propósito y un significado espiritual— están haciendo que el destino tan único de la Ciencia Cristiana sea visto más claramente. Su capacidad para elevar el espíritu de la humanidad y para demostrar lo práctico y eterno que es el mandato de Cristo de sanar espiritualmente, nunca ha sido más necesario.

1 Retrospección e Introspección, pág. 61. 2 Ciencia y Salud, pág. 258. 3 La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 188.


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