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La economía divina en acción

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DESDE HACE SIETE AÑOS, ME DEDICO A LOS BIENES RAÍCES Y TRABAJO POR COMISIÓN. SUCEDIÓ QUE HACE DOS AÑOS ME VI EN UNA SITUACIÓN MUY DIFÍCIL PORQUE LA VENTA DE INMUEBLES SUFRIÓ UN CAMBIO DRAMÁTICO Y PRÁCTICAMENTE SE DISOLVIÓ.

Como resultado, dejé de percibir una entrada, aunque mis gastos continuaban igual. Si bien no tenía trabajo, mantuve mi licencia de vendedor.

Con el paso de los meses la situación se complicó porque las cuentas se fueron acumulando y esto creó un ambiente de mucha tensión en mi hogar.

Como había hecho en otras ocasiones, recurrí a la oración para encontrar una solución. Me levantaba a las cinco de la mañana, salía con mi carro (donde llevo conmigo la Biblia y Ciencia y Salud ) e iba a unos cinco minutos de mi casa. Allí estacionaba, me tomaba un café y me quedaba en el auto leyendo estos libros, absorbiendo las ideas. Estudiaba a fondo la Lección Bíblica de la Ciencia Cristiana y otros escritos de Mary Baker Eddy, usando diccionarios y libros de referencia. Y me sorprendía ver que, a pesar de que no veía mejoras en la situación, esas lecturas me aseguraban que todo estaba bien.

Esto me fortalecía y me llenaba de alegría porque en el fondo sabía que las cosas se estaban resolviendo, aunque todavía no lo podía ver. Regresaba a mi casa tres o cuatro horas después, recargado como una batería nueva.

De alguna forma tenía la convicción de que la situación cambiaría, pues todos teníamos derecho a comer y a tener un techo donde vivir. En mi oración recordaba que Cristo Jesús lograba obtener provisión donde aparentemente no había nada. Así ocurrió cuando multiplicó los panes y los peces y alimentó a más de 5000 personas. Me esforcé por entender las enseñanzas de Jesús y percibí que la economía divina no sufre cambio alguno, que el proveedor no es ésta o aquella persona, ni una venta o un cheque de comisión: el proveedor es directamente Dios.

En Ciencia y Salud, Mary Baker Eddy afirma: “Peregrino en la tierra, tu morada es el cielo; extranjero, eres el huésped de Dios”.1 Este pasaje, aunque pequeño, me ayudó mucho. Cuanto más lo leía más comprendía que cuando uno tiene un huésped en su casa lo trata de la mejor manera posible, lo atiende bien, porque quiere que se sienta cómodo. Entonces me dije: “Si soy huésped, ¿cómo me va a faltar algo?” Me di cuenta de que si en algún momento no tenía lo que necesitaba, era porque no lograba percibirlo, pues primero tenía que conocer mi identidad espiritual como hijo de Dios, para luego ver la provisión.

Me pareció que esto sería como cuando uno va al cajero automático del banco. Para retirar efectivo es necesario tener la clave, pues sin ella la tarjeta no funciona. En mi caso, yo tenía la tarjeta pero necesitaba la clave. Y la clave me la daba la oración consagrada y la búsqueda de mi identidad espiritual, que nunca está separada de Dios. Yo necesitaba acercarme más a ese proveedor divino, que no sólo es mío, sino el de mi familia, de mis vecinos, es el proveedor de todos. Y todos tenemos derecho a esa provisión.

Con esto logré descargar en cierta forma la presión que sentía al pensar que yo tenía la responsabilidad de proveer a mi familia de lo más esencial y había fallado. El estudio de los escritos de la Sra. Eddy y las enseñanzas de Cristo Jesús me sacaron lentamente de ese lugar donde había caído económicamente.

Mary Baker Eddy dice que Dios nos da Sus ideas y a su vez esas ideas nos dan la provisión que necesitamos. 2 Comprendí que yo tenía que ser receptivo a esas ideas para poder obtener lo que necesitaba.

Si bien estoy hablando de dinero, la provisión es también felicidad, salud, alegría, convicción, esperanza. Dios nos da el paquete completo. No es solamente dedicarse a resolver los problemas económicos, sino que amplía el pensamiento de tal forma, que obtienes lo que necesitas y más. En esta provisión no hay rebajas, como le sucedió a las personas que les quitaron horas de trabajo o fueron despedidas. La economía divina siempre está funcionando, siempre está dando, no hay recesos, no hay retrocesos, no hay parálisis temporal de la producción divina. Y nosotros tenemos que ser receptivos y percibir quiénes somos como hijos de Dios para poder obtener esos beneficios de los cuales todos somos merecedores.

En nuestra impaciencia a veces buscamos primero resolver la situación económica y después buscamos el reino de Dios. Pero he comprendido que buscando el reino de Dios, todo lo demás llega porque no hay forma de pararlo. Cuanto más receptivo eres a esas ideas divinas, más recibes.

Aunque fueron dos años de “sequía económica”, yo no arrojé la toalla. La Sra. Eddy afirma en sus escritos que no hay que correr la carrera con desgano o cansarnos. Más bien, nos alienta a que en los momentos difíciles no nos rindamos, sino que seamos perseverantes, porque el premio está cerca. Yo no me rendí. Hubo ocasiones en que quise buscar otro trabajo, y de hecho lo intenté. Pero yo sabía que lo que andaba buscando era algo mucho más grande que un empleo que me generara un cheque semanal. Percibí que es como cuando uno pierde algo. Digamos que se te caen las llaves, y no las puedes encontrar porque se fue la luz y es de noche. Tú sabes que están allí aunque no puedas verlas.

Algo que me daba mucha inspiración era el consejo de Jesús: “No temáis”. 3 Y eso es algo muy difícil de hacer cuando se carece de lo más básico y hay temor colectivo. Pero Jesús afirmaba con tanta seguridad que no debíamos temer, que para mí fue obvio que es el temor lo que no nos deja progresar, porque nos impide ver las oportunidades que tenemos a nuestro alrededor. Es con la fe, la esperanza y la comprensión de Dios y de nosotros mismos como seres espirituales y perfectos, que superamos el temor y encontramos la solución.

En el libro del Génesis se encuentra la historia de Jacob, 4 quien tuvo que luchar, dice la Biblia, con un ángel, hasta que logró comprender su identidad espiritual. Y así me sentía yo, como Jacob, porque sentía que ésa era mi tabla de salvación, para percibir que ya lo tenía todo, que lo que andaba buscando ya estaba presente. Y puedo decir que los beneficios, son matemáticos, no fallan.

Llegó el momento en que esa dedicación empezó a dar sus frutos. Lentamente, la situación empezó a cambiar. Tuve la oportunidad no sólo de seguir con la venta directa, sino que pude ayudar a los clientes a modificar para su provecho los créditos y préstamos que no podían pagar. La gente empezó a llamarme, a buscarme, y yo me preparé y sigo preparándome espiritualmente para ayudarlos mejor. La gente me refiere a otras personas, así que de momento me he visto con mucho trabajo, y solamente me queda darle las gracias infinitas a Dios por haberme dado esas ideas, por haberme provisto de la paciencia y de la persistencia en la oración, para cosechar con abundancia, donde aparentemente no había siembra, no había nada.

1 Ciencia y Salud, pág. 254. 2 Escritos Misceláneos, pág. 307. 3 Lucas 12:32. 4 Génesis 32:24.

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