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La curación: alcance infinito, precisión perfecta

Hace poco, recibí un correo electrónico de un hombre que estaba del otro lado del mundo. Me escribía desde algún lugar en los Himalayas pidiéndome que lo ayudara con un tratamiento en la Ciencia Cristiana. Estaba sufriendo de una severa diarrea, de modo que era necesario que orara de inmediato por él, y así lo hice. Muy pronto, me volvió a escribir para decirme que estaba bien otra vez.

¿Cómo es que el tratamiento en la Ciencia Cristiana permite que un paciente y un practicista estén en dos lados tan opuestos del globo y responda con todo éxito a una necesidad seria? Comprender la respuesta a esta pregunta nos permite entender mejor cómo sanar y cómo ser sanado.

En Ciencia y Salud, Mary Baker Eddy explicó por qué la distancia entre al sanador y el paciente nunca es un obstáculo para sanar espiritualmente: “La Ciencia puede sanar a los enfermos que no están presentes con sus sanadores, como a los que lo están, pues el espacio no es obstáculo para la Mente. La Mente inmortal cura lo que el ojo no ha visto; pero la capacidad espiritual de percibir el pensamiento y de curar mediante el poder de la Verdad, se alcanza sólo a medida que se vea al hombre no haciéndose justicia a sí mismo, sino reflejando la naturaleza divina”.1

El tratamiento en la Ciencia Cristiana tiene sus raíces únicamente en el método de curación de Jesús. Él probó el alcance ilimitado del poder sanador de Dios. A menudo sanaba personas que nunca había visto personalmente. Cuando un oficial romano le suplicó a Jesús que sanara a su sirviente paralítico a distancia, Jesús contestó: “…ni aun en Israel he hallado tanta fe… Ve, y como creíste, te sea hecho”.2 Y el sirviente del oficial fue sanado rápidamente. En otra ocasión, un hombre le pidió a Jesús que fuera a su casa y sanara a su hijo que se estaba muriendo.3 Jesús simplemente le dijo al hombre que se fuera a su casa, y que encontraría a su hijo vivo. El hombre hizo lo que Jesús le instruyó y encontró a su hijo sano, tal como el Maestro le había prometido. Es obvio, que no era necesario que estuviera físicamente presente para que Jesús obrara la curación.

Puesto que la aplicación y la acción de la Ciencia sanadora de Dios es tan inmediata y está tan presente como Dios, el practicista no trae al paciente a la presencia sanadora de Dios. El paciente ya está ante la presencia y bajo el cuidado infinito de Dios. El practicista está sabiendo este hecho y eliminando cualquier creencia de que pueda haber una mente separada de Dios, para espiritualizar así la consciencia. El tratamiento en la Ciencia Cristiana consiste, esencialmente, en elevar el pensamiento del practicista al entendimiento de que Dios es la única Mente y es absolutamente bueno y santo, y que el hombre es Su imagen, y expresa la misma Mente, por lo tanto, está lleno de bondad y santidad. La distancia física no presenta ningún obstáculo a la consciencia espiritualizada.

El tratamiento en la Ciencia Cristiana tiene infinita precisión así como infinito alcance. Dios no participa al azar en la curación. De manera que cada oración inspirada por el Amor divino, es el remedio perfecto que responde a esa precisa necesidad humana. En este tratamiento, la verdad acerca de la inseparable relación de Dios y el hombre se hace evidente, una relación que no puede ser invadida por nada extraño, como es la enfermedad. Y esta comprensión se transforma en una luz que señala qué es necesario aclarar en el pensamiento del paciente.

La curación es el efecto del Cristo y del Espíritu Santo en la consciencia humana. Esta curación no es el resultado de que el practicista transfiera energía personal al paciente. De hecho, tratar de sanar mediante la creencia en el poder propio, restringe la curación porque este tipo de tratamiento no tiene ningún alcance más allá de la percepción física. La certeza al evaluar una situación que necesita ser sanada, sólo viene mediante la percepción espiritual. Por esta razón es tan importante para lograr la curación, alcanzar el desarrollo espiritual viviendo las cualidades divinas, como son la esperanza, la fe, el amor y la humildad. Es esta espiritualización de nuestra propia consciencia lo que nos permite llegar a ser sanadores.

Esta oración, bajo la guía de la Mente divina, no se acrecienta estando físicamente más cerca del paciente. Como tampoco la oración en presencia del paciente quita el poder sanador. En ambos casos, la curación en la Ciencia Cristiana es el resultado del discernimiento de los hechos espirituales que eliminan los efectos de las creencias materiales.

La Ciencia del método de curación de la Mente divina no tiene obstáculos, sino que es infinita y, por lo tanto, inmediata y está al alcance de todos, sin importar la distancia. Este poder sanador demuestra el cuidado universal que Dios nos brinda a cada uno de nosotros, incluyendo a toda la creación en el abrazo sanador e infinito del Amor divino.

—Kari Mashos
Publicado originalmente en el número de Agosto 2007 de The Christian Science Journal.

1 Ciencia y Salud, pág. 179. 2 Mateo 8:10, 13. 3 Véase Juan 4:46–53.

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