Establecido en 1903

La Enfermería de la Ciencia Cristiana cumple cien años

El Estatuto “Enfermeros de la Ciencia Cristiana” del Manual de La Iglesia Madre (pág. 49), comienza con las palabras: “Un miembro de La Iglesia Madre…” Quiere decir que la historia de la enfermería de la Ciencia Cristiana es en realidad la historia de hombres y mujeres cuyas vidas de lealtad ilustran la sabiduría y la autoridad del Estatuto que Mary Baker Eddy introdujo hace 100 años.

Hay un ejemplo que vale la pena destacar: Carolyn Hill, de Silver Spring, Maryland, cuenta que en 1917, su madre, que en ese entonces tenía siete años, tuvo una quemadura muy seria. Sucedió que una noche salió de la bañadera y se sentó en el radiador de vapor de agua caliente, quemándose gravemente. La abuela de Carolyn era la administradora del edificio de apartamentos en donde vivían en Oakland, California, y recordó que uno de los inquilinos era enfermera. Le dijo a su hijo que subiera y le pidiera que viniera inmediatamente. Ella no sabía que esta enfermera era una enfermera de la Ciencia Cristiana, lo que quería decir que estaba, ante todo, preparada para demostrar su comprensión de la Ciencia Cristiana. De acuerdo con la madre de Carolyn, cuando la enfermera de la Ciencia Cristiana llegó había tanto amor en la habitación, que su madre sanó de inmediato. Hoy, Carolyn, es enfermera de la Ciencia Cristiana.

“Se necesita valor para declarar la verdad…” (Ciencia y Salud, pág. 97) y nadie tiene la necesidad de declarar la verdad con mayor firmeza y constancia que aquel que enfrenta vívidas imágenes de enfermedad y urgencia. Una de las cosas más audaces que han hecho los enfermeros de la Ciencia Cristiana durante décadas ha sido insistir —ante una atención médica establecida cada vez más persistente— que los enfermos pueden ser sanados sin ningún remedio material y que pueden ser atendidos por un enfermero sin adoptar teorías y prácticas médicas. Hay una forma de cuidar al enfermo basada en los principios espiritualmente científicos. Este método de enfermería entraña sabiduría y discernimiento espirituales, y apoya la curación espiritual, donde un enfoque material la socavaría.

La enfermería de la Ciencia Cristiana no es tanto una profesión de habilidades y procedimientos humanos, como el compromiso de tener la expectativa de que el cuidado perpetuo que Dios brinda a todos bajo toda circunstancia, se manifieste cada vez más en el pensamiento del enfermero y del paciente. Los enfermeros de la Ciencia Cristiana escuchan y responden a los impulsos del Amor divino, y luego expresan ese Amor de maneras tangibles.

La enfermería en sus comienzos

La tarea de cuidar unos de otros es eterna. Por ejemplo, en la Biblia se registran muchas historias de este cuidado amoroso por los demás. Y en su sentido más amplio, madres, padres, tías, vecinos y amigos en todo el mundo, han practicado la enfermería durante siglos. Algunos artículos de los primeros números del Christian Science Journal y del Christian Science Sentinel contaban de Científicos Cristianos que atendían a otras personas con el cuidado práctico de un enfermero. Después el Sentinel del 21 de noviembre de 1908, anunció un nuevo Estatuto de la Iglesia: “Enfermeros de la Ciencia Cristiana”, que sólo tiene dos frases.

“Un miembro de La Iglesia Madre que se acredite como enfermero o enfermera de la Ciencia Cristiana, deberá tener un conocimiento demostrable de la práctica de la Ciencia Cristiana, comprender a fondo la sabiduría práctica necesaria respecto al cuarto de un enfermo, y que pueda cuidar bien del enfermo.

“Los nombres de tales personas pueden publicarse en The Christian Science Journal según las reglas establecidas por los editores”. (Manual de la Iglesia, pág. 49)

En los primeros tres meses, se anunciaron cinco enfermeros de la Ciencia Cristiana en el Journal. Un año más tarde el número aumentó a 49.

En cualquier discusión acerca del Estatuto sobre los Enfermeros de la Ciencia Cristiana, es útil considerar la descripción que hizo Mary Baker Eddy del génesis de todos los Estatutos de la Iglesia: “No fueron ni opiniones arbitrarias ni exigencias dictatoriales como las que una persona pudiera imponer a otra”, escribió. Y continuó: “Fueron impulsados por un poder impersonal; fueron escritos en distintas épocas y según lo exigían las circunstancias. Surgieron de la necesidad, la lógica de los acontecimientos, —de la urgencia apremiante de que ellos había, como una ayuda necesaria para mantener la dignidad y defensa de nuestra Causa; de ahí su base sencilla y científica, y los detalles tan necesarios para demostrar la Ciencia Cristiana genuina, que harán por la raza lo que las doctrinas absolutas destinadas a las generaciones futuras quizás no logren”. (Escritos Misceláneos 1883–1896, pág. 148)

El Estatuto sobre los Enfermeros de la Ciencia Cristiana proporcionaba los cimientos, los detalles requeridos y su “base sencilla y científica”. Era responsabilidad de los miembros de la iglesia construir sobre esa base y resolver los otros detalles necesarios para poner el Estatuto en práctica. Evidentemente, la credencial más importante que necesitaba un enfermero de la Ciencia Cristiana era “un conocimiento demostrable de la práctica de la Ciencia Cristiana”. Para 1908, Mary Baker Eddy ya había trabajado varias décadas con el propósito de establecer un sistema para cultivar ese “conocimiento demostrable”. Ciencia y Salud, el Manual de la Iglesia y la instrucción en clase Primaria estaban entre las herramientas esenciales que ella estableció para preparar a las personas, a fin de que pudieran demostrar la Ciencia Cristiana, y ellas ciertamente, allanaron el camino para la práctica de los enfermeros de la Ciencia Cristiana.

Aguas inexploradas

El Estatuto sobre los enfermeros de la Ciencia Cristiana también demandaba “la sabiduría práctica necesaria respecto al cuarto de un enfermo” y “cuidar bien del enfermo”. ¿Significaba esto que esa sabiduría tenía que estar de acuerdo con las normas del mundo, o la ética de la práctica de la Ciencia Cristiana exigía algo completamente diferente? Los Científicos Cristianos tuvieron que enfrentar el hecho de que el Estatuto no vino acompañado de un manual de procedimientos ni de un experto asignado para decirles cómo debían “cuidar bien del enfermo”.

Muchos de los primeros enfermeros de la Ciencia Cristiana que se anunciaron en el directorio del Journal se apoyaban en su propia experiencia y en la oración en busca de guía al cuidar de aquellos que necesitaban su ayuda. Pero también al comienzo, otros miembros sintieron la necesidad de recibir entrenamiento, y los sanatorios de la Ciencia Cristiana ofrecieron un vehículo para ese entrenamiento. El primero de ellos fue el Christian Science Benevolent Association (BA), que abrió sus puertas en 1919 cerca de Boston, bajo la vigilancia de la Junta Directiva de la Ciencia Cristiana. En dos años tuvieron disponible un sistema de entrenamiento informal.

Cinco años después, se dio un paso muy significativo que jugó un papel de suma importancia en definir el curso de la enfermería de la Ciencia Cristiana. En 1926 la Junta Directiva nombró un comité de Científicos Cristianos, dos ex doctores en medicina y un ex enfermero de medicina, para revisar la situación de la enfermería. Entre 1927 y 1929 el BA estableció un programa sistemático de entrenamiento de tres años, basado en el plan de estudios recomendado por dicho comité. En 1930, La Iglesia Madre abrió un segundo sanatorio en San Francisco, el Christian Science Benevolent Association on the Pacific Coast (conocido como Arden Wood). Para 1932 los dos BA estaban enseñando con el mismo plan de estudios. Entre 1968 y 1972, La Iglesia Madre dio los pasos para unificar el entrenamiento en todas las instituciones dando crédito por el entrenamiento a los enfermeros. (En la década de 1970, La Iglesia Madre transfirió la operación de los dos BA a los respectivos movimientos locales.)

Cuatro escuelas de enfermería, localizadas en Boston, Massachusetts; San Francisco, California; Princeton, New Jersey; y Londres, Inglaterra, pasaron a ser las únicas escuelas autorizadas para dar entrenamiento. Ofrecían un programa de tres años, con entrenamiento directo en el trabajo y clases de Arte en la Enfermería, Alimentación, Ética, Vendajes, Primeros auxilios, Enfermería a domicilio, Supervisión, Enfermería en obstetricia, Ética en la atención particular y visitas a domicilio, Comunicaciones, Lectura en voz alta y Hablar en público.

“Cambio de Clima”

Para 1972, el clima de la atención a la salud en el mundo había cambiado drásticamente de aquel en que el Estatuto sobre los Enfermeros de la Ciencia Cristiana había sido presentado 64 años antes. “Cuidar bien del enfermo”, por lo menos ante los ojos del mundo Occidental, se había convertido en un cuidado impartido en instituciones. La tradicional atención del enfermo en la cama, se transformó en una profesión altamente técnica y muy regulada, que requería certificación y licencia del estado. Los sanatorios de la Ciencia Cristiana ahora tenían que pensar en algo más que en la “sabiduría práctica necesaria respecto al cuarto de un enfermo”. Tenían que estar sujetas a muchas regulaciones, muchas de las cuales requerían de razonables normas de seguridad y limpieza. Mientras que otras afectaban directamente la esencia misma de la práctica de la Ciencia Cristiana. Los Comités de Publicación de la Ciencia Cristiana en todo el mundo trabajaron para moderar los esfuerzos legislativos que querían declarar que el cuidado y tratamiento médico tradicional era la única opción que el público tenía disponible. Por ejemplo, los archivos de la Iglesia contienen gran cantidad de correspondencia de los años veintes, cuando el Comité de Publicación de Inglaterra obtuvo una enmienda que permitía a los Científicos Cristianos operar libres de la supervision médica en las “Casas de Científicos Cristianos”. Historias similares se registraron en Alemania, Suiza, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y en muchos estados de los Estados Unidos. Estos Comités figuran entre los héroes anónimos de la enfermería de la Ciencia Cristiana.

Durante estas décadas de cambio, encontramos, sin duda, una tendencia a apartarse de la atención particular, es decir, enfermeros de la Ciencia Cristiana que cuidan del paciente a domicilio. Para 1985, más de un 75% de los enfermeros anunciados en el Journal, estaban empleados por los sanatorios o uno de los muchos servicios de enfermería (Visiting Christian Science Nursing Services) que habían surgido en las principales ciudades de Norteamérica, Europa, África del Sur, Australia y Nueva Zelanda. La enfermería de la Ciencia Cristiana había alcanzado un nivel muy alto de organización, eficacia, y utilidad. ¿Pero, estaba cumpliendo su potencial espiritual?

Se eliminan las capas

En 1985, casi 75 años después de la introducción del Estatuto, la Junta Directiva de la Ciencia Cristiana comisionó una concienzuda revisión de las actividades de los enfermeros de la Ciencia Cristiana. Contrató a un consultor especial, quien viajó dos veces alrededor del mundo para hablar con cientos de enfermeros y practicistas de la Ciencia Cristiana, y con miembros de las comisiones directivas de organizaciones de enfermeros de la Ciencia Cristiana, invitándolos a compartir su visión de la enfermería de la Ciencia Cristiana.

Al cabo de dos años, la Junta Directiva publicó una declaración en forma de folleto titulado: “Bases para el trabajo de los enfermeros de la Ciencia Cristiana”, que finalmente, trajo reformas significativas. Las primeras páginas establecieron el tono de lo que vendría a continuación: “La función del enfermero de la Ciencia Cristiana se apoya en un fundamento espiritualmente sólido. La piedra angular de este fundamento es el Estatuto del Manual de la Iglesia relativo a los enfermeros… En su contexto más amplio y significado más profundo, este Estatuto se aplica a todos los miembros de La Iglesia Madre”. El folleto analizaba cada aspecto del Estatuto, examinando cada palabra y frase, asentando la práctica de la enfermería de la Ciencia Cristiana firmemente dentro de la teología de la Ciencia Cristiana.

La declaración fundamental fue sólo el principio. Al examinar el Estatuto más detenidamente se hizo evidente que la enfermería de la Ciencia Cristana se había apartado mucho de sus sencillos comienzos. La manera de pensar institucional orientada hacia las prácticas médicas se había ido acumulando, capa tras capa, y era hora de que éstas desaparecieran. Por ejemplo, ¿por qué los enfermeros de la Ciencia Cristiana tenían que usar uniformes blancos? ¿Por qué debían usar soluciones de limpieza con ingredientes activos medicados para limpiar heridas? ¿Por qué clasificar a los pacientes como de terapia intensiva o de guardia? ¿Por qué recomendar o evitar ciertos alimentos? Cuando se revisaron todos los procedimientos de enfermería, la pregunta “¿Es esto consecuente con la teología de la Ciencia Cristiana?”, fue clave.

Gisela Kitchingman, enfermera de la Ciencia Cristiana de Alemania, pudo haber hablado en nombre de muchos enfermeros de la Ciencia Cristiana cuando describió lo que pensó al leer la declaración fundamental por primera vez. “¡Sentí que finalmente mis propios pensamientos habían sido puestos por escrito. Sentí como que volvía al hogar”. ¡La enfermería de la Ciencia Cristiana regresaba a donde había comenzado!

Confianza en el designio del Manual

Al realizar la revisión, los Directores se sintieron particularmente impresionados por las palabras “que se acredite como enfermero o enfermera”. Con el tiempo la Iglesia había asumido la responsabilidad de entrenar a los enfermeros de la Ciencia Cristiana. Pero las palabras “que se acredite como enfermero o enfermera” sugerían que se debía esperar que los miembros individualmente cumplieran con el Estatuto, según los guiara la oración, la razón y la consciencia. Éste era un cambio monumental en el pensamiento, pero era además consecuente con el insistente llamado de Mary Baker Eddy para que los miembros de la Iglesia ejercieran el gobierno de sí mismos. (Véase, por ejemplo, Ciencia y Salud, pág. 106.)

El 3 de junio de 1991, la Iglesia anunció que “…no se requerirá el cumplimiento de un curso formal de estudio bajo los auspicios de La Iglesia Madre para ser acreditado como enfermero de la Ciencia Cristiana…” (Carta del Secretario de La Iglesia Madre, del 3 de junio de 1991). Esto era un cambio enorme, no sin controversia. Lynn Owings, Directora de Enfermería de la Ciencia Cristiana en Illinois, recuerda cuando se enteró del anuncio: “Honestamente pensamos que ése era el fin de la enfermería de la Ciencia Cristiana como la conocíamos. ¿Cómo se mantendrían las normas del trabajo? ¿De dónde vendrían las futuras generaciones de enfermeros de la Ciencia Cristiana si no era de escuelas de entrenamiento?”

Por supuesto, ni los entrenamientos ni las escuelas desaparecieron; esa nunca había sido la intención de la Iglesia. Si bien continuaba la exigencia de tener una gran preparación, ya no habría una sola forma de satisfacer esa demanda. La preparación de los enfermeros de la Ciencia Cristiana podía efectuarse en cualquier lugar y en cualquier idioma. (Antes, sólo los que hablaban inglés podían ser enfermeros de la Ciencia Cristiana.) El Anuncio de la Junta Directiva puso la aplicación del Estatuto nuevamente en manos de los miembros de La Iglesia Madre.

“Hoy, más de 15 años después, vemos la sabiduría de esa decisión”, continúa Owings. “Pienso que estamos funcionando a un nivel más alto que antes. Tuvimos que dar un paso atrás y mirar en la dirección correcta otra vez —mirar a Dios, nuestra Fuente divina— para que entonces todo lo demás se colocara en su lugar correcto”.

En 1993, la Junta Directiva de la Ciencia Cristiana tomó otra decisión fundamental: “…después de considerable meditación y oración, la Junta Directiva decidió transferir la función que tenía la Iglesia de acreditar y certificar estos sanatorios de la Ciencia Cristiana, para concentrarse en los enfermeros de la Ciencia Cristiana…” (Christian Science Sentinel, 23 de octubre de 1995, pág. 25). Los sanatorios han sido y continúan siendo muy valiosos; son como un oasis para la curación. Sin embargo, en el Estatuto no hay nada que hable de ellos; por lo tanto, la acreditación ya no se consideró responsabilidad de La Iglesia Madre. En cambio, en 1997, se estableció The Commission for Accreditation of Christian Science Nursing Organizations/ Facilities, Inc. (Comisión para la Acreditación de las Organizaciones/Sanatorios de Enfermeros de la Ciencia Cristiana), a través de una asociación entre La Iglesia Madre y la Association of Organizations for Christian Science Nursing (AOCSN) (Asociación de Organizaciones de Enfermeros de la Ciencia Cristiana), agrupación de sanatorios de la Ciencia Cristiana. La Comisión continúa asegurando a los gobiernos, compañías de seguros y otras partes interesadas, que las organizaciones participantes ofrecen una atención de calidad y prácticas de seguridad conforme a las normas reconocidas.

Eva Boone Hussey, enfermera de la Ciencia Cristiana, era directora de una de las escuelas de enfermería de la Ciencia Cristiana cuando comenzó la revisión en1985. Hoy es Gerente de alto rango del Directorio del Journal de La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana. Ella dice: “Ésta fue una revisión valiente y comprensiva que duró 10 años. Habían transcurrido cerca de 60 años desde que la enfermería de la Ciencia Cristiana había recibido este tipo de atención. La revisión hizo posible eliminar muchas capas acumuladas de tradiciones y modelos médicos, permitiendo que el Estatuto pudiera respirar libremente otra vez y cumplir mejor su propósito espiritual. Esta revisión hizo que se comprendiera mucho más claramente que la enfermería de la Ciencia Cristiana forma parte indiscutible del ministerio sanador de la Iglesia”.

Celebración del Centenario

Durante 100 años los enfermeros de la Ciencia Cristiana han orado y aplicado en su trabajo su mejor entendimiento del cuidado científico y espiritual. La enfermería de la Ciencia Cristiana ha navegado por un mundo en el que se considera que la materia es real, determina la salud y dicta el cuidado apropiado que debe brindarse al cuerpo. La enfermería en la Ciencia Cristiana ha desafiado esas presunciones, y al hacerlo ha ofrecido la más elevada demostración y el más claro entendimiento sobre el tema de la enfermería en nuestra era.

Este noviembre, los enfermeros de la Ciencia Cristiana no se van a reunir en masa para celebrar el centenario del Estatuto. Ellos harán algo mucho más importante, algo que tendrá un impacto mucho más grande para la humanidad. Harán lo que hacen todos los días: Van a orar. Basarán su práctica de enfermería de la Ciencia Cristiana en el Estatuto divinamente inspirado, eterno, destinado a “mantener la dignidad y defensa de nuestra Causa”. Ellos van a recurrir al Cristo para que los guíe, y al seguir a Cristo, estos dedicados enfermeros de la Ciencia Cristiana ayudarán a liderar el camino para que toda la humanidad entienda y sienta el abrazo sanador del cuidado constante y amoroso de Dios.

Linda Kohler ha sido enfermera por 27 años. Ella es Supervisora de los Anuncios de Enfermeros de la Ciencia Cristiana en el Directorio del Journal.

“Un enfermero debe ser…”
Mary Baker Eddy usa la palabra “enfermero” en contadas ocasiones en Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras. En uno de los pasajes más fascinantes, describe en detalle las cualidades del enfermero ideal. A través de los años le hizo numerosas correcciones, hasta que en 1907 realizó su revisión final, un año antes de escribir el Estatuto “Enfermeros de la Ciencia Cristiana”.

3rd (1881), pág. 187

Una enfermera irascible o quejumbrosa nunca debería estar a cargo de un enfermo.

50th (1891), pág. 394

Una persona que sea malhumorada o quejumbrosa no debiera ser enfermera. La enfermera ha de ser alegre, llena de fe y luz —ser creyente en Dios, la Verdad.

226th (1902), pág. 395

Una persona que sea malhumorada o quejumbrosa no debiera ser enfermera. La enfermera ha de ser alegre, llena de fe y luz —ser creyente en Dios, la Verdad, la Vida y el Amor.

1907(b), pág. 395

Una persona que sea malhumorada o quejumbrosa no debiera ser enfermera. La enfermera ha de ser alegre, ordenada, puntual, llena de fe y luz —receptiva para aceptar a Dios, la Verdad, la Vida y el Amor.

1907(c), pág. 395

Una persona que sea malhumorada, quejumbrosa o falsa no debiera ser enfermera. La enfermera ha de ser alegre, ordenada, puntual, paciente, llena de fe —sensible a la Verdad y al Amor.

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