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Para Ser Practicista

Marzo/Abril 2012

Índice (PDF)
Portada: Foto – Digital Vision/Thinkstock. Ilustración digital: Viviane Stonoga/Duetto Comunicação. Modelos utilizados con fines ilustrativos solamente.

Una charla en varias partes acerca de la ética en la relación entre el paciente y el practicista

¿Cuáles son las dimensiones éticas esenciales de la curación mediante la Ciencia Cristina que se practica en todo el mundo? ¿Cómo actúa la ética de esta práctica en situaciones de la vida diaria? Tres experimentados sanadores, que también enseñan la curación mediante la Ciencia Cristiana, se reunieron recientemente para hablar de estos importantes temas, y estaremos presentando esta conversación en una serie en varias partes. Mientras publiquemos esta serie, reemplazará la sección “Preguntas Frecuentes” (FAQ) acerca de la práctica de la curación. Warren Bolon, jefe de redacción del Christian Science Journal dialogó con Phil Davis, Karl (Sandy) Sandberg y Judy Wolff. Judy desarrolla su práctica en Arlington, Virginia; Phil (West Roxbury) y Sandy (Norwel) en Massachusetts.

Warren Bolon: ¿Cómo describirían la naturaleza de la ética entre el practicista y el paciente? ¿Es algo más que un mero código de conducta?

Phil Davis: Los diccionarios definen la ética como principios morales, un código de conducta. Me gusta pensar sobre este tema, cuando estamos tratando con practicistas y enfermeros de la Ciencia Cristiana, como la Regla de Oro –pensar acerca de nuestro amor por los demás, y en tratar a los demás de la manera que nos gustaría ser tratados. No se reduce a normas humanas, sino a amar a otros de la manera en que nos gustaría ser amados.

Judy Wolff: Jesús elevó la norma para todos, diciendo que necesitamos amar como él amaba, y él amaba de manera divina. Él elevó la idea de la ética, llevándola al nivel de Dios. ¿Qué ve Dios en nuestro prójimo? La ética del practicista de la Ciencia Cristiana debe expresar valores morales, pero debe estar basada en las divinas cualidades de Dios, y en la idea de que Dios esta guiando a ambos, al practicista y al paciente, de forma de elevar los pensamientos de cada uno a la idea divina de esta relación.

Karl (Sandy) Sandberg: Me encanta pensar sobre esta pregunta que aparece en el capítulo “Recapitulación” en Ciencia y Salud: “Cuáles son las demandas de la Ciencia del Alma?” (p. 467). Mary Baker Eddy define dos grandes exigencias: la primera es el Primer Mandamiento, amar a Dios, y la segunda es amar al prójimo. Estos dos mandamientos trabajan en conjunto, como tú dijiste Judy, elevados por nuestro Maestro en sus disertaciones en la Biblia, y sus enseñanzas y curaciones.

Judy: No es simplemente hacer el bien humanamente, ni amor humano. Es el Amor divino impulsando al practicista y al paciente.

Phil: Y estamos hablando de la esencia, el fundamento de todo lo que la Ciencia Cristiana es—la práctica sanadora, y el aspecto profesional de la práctica. Si estamos orando por nuestra práctica a diario, momento a momento, entonces hacemos preguntas en esta oración, tales como: “Padre, como me debo conducir hoy? ¿Debería tomar este caso en particular? ¿Cómo debo trabajar sobre este caso mañana, y al día siguiente?” Es tomar decisiones momento a momento, basados en la oración. No basadas en reglas arbitrarias, sino según Dios nos esté guiando en nuestra práctica.

Sandy: Uno de los temas más importantes para mí en lo que tiene que ver con la ética, desde el punto de vista del paciente es, ¿qué espera el paciente del practicista, en cuanto a consejos o asesoramiento? Muchos individuos que recién conocen la Ciencia Cristiana están acostumbrados a acercarse a un ministro o sacerdote para obtener guía, y que se les diga lo que deben hacer. Es natural para ellos que al dirigirse a una figura de la iglesia, ésta les diga cómo deben comportarse, qué hacer, qué deberían estar haciendo para tener éxito y obtener los resultados que desean. ¿Es eso lo que un paciente debe esperar de un practicista de la Ciencia Cristiana?

Warren: También es posible que estén acostumbrados a acercarse a un médico para que él les aconseje lo que deben hacer en cierta situación. ¿Hay alguna diferencia entre esta relación y la del paciente y el practicista de la Ciencia Cristiana?

Phil: Bueno, hay profesionales de la salud que están literal y legalmente a cargo de los casos de algunos pacientes. Cuando estamos tratando con un practicista de la Ciencia Cristiana, el modelo es diferente. Él no “se hace cargo” de un caso. Simplemente no es este el modelo. ¿Cuál es la responsabilidad primordial de un practicista de la Ciencia Cristiana? Es la de traer a cada caso la oración más efectiva que resultará en curación. Entonces, no se trata tanto sobre lo que no se está haciendo por el paciente, sino sobre cuál es el enfoque.

Y si orar por la curación es realmente el enfoque, entonces no querremos entrar en otras áreas, tales como aconsejar o asesorar, o tratar de convencer al paciente de que está sano. El practicista se enfoca en la oración que trae curación.

Judy: Un practicista no es un intercesor. En otras palabras, el practicista no recurre a Dios de parte del paciente y ora para obtener ayuda divina porque el practicista tiene “un pensamiento más elevado,” o porque es más devoto. Tanto el practicista como el paciente recurren al mismo Dios, y Él les revela el mensaje inspirado y santo a los dos. Son iguales. No hay jerarquía en la Ciencia Cristiana. El practicista no es un ser más elevado o más santo, y sus oraciones no son más elevadas o más santas. Tengo pacientes que me llaman y me cuentan sobre un problema particular sobre el que están trabajando, a menudo uno que requiere tomar una decisión en cuanto a qué rumbo tomar. Hace poco alguien me dijo: “Desde su punto de vista más elevado, ¿qué debería hacer? Me encantaría oír su elevada perspectiva sobre este asunto.” Esto es confundir la opinión humana con el mandato divino. La opinión humana de un practicista no es ni mejor ni peor que la de nadie, porque es simplemente eso, humana, y una opinión humana se puede obtener de cualquier persona.

Phil: Deberíamos añadir que a los practicistas les encanta hablar con sus pacientes—compartir citas para estudiar, y hablar sobre la relación con Dios del individuo. Pero la atención está puesta en la oración y en la relación del paciente con Dios, de esa manera no nos involucramos en dirigir a la gente humanamente, ni tratamos de decidir qué es lo que deberían estar haciendo mientras caminan sobre esta Tierra. Eso es entre ellos y Dios. Frecuentemente, cuando me hacen una pregunta de ese estilo le digo a mis pacientes: “¿Sabes qué? No lo sé. Pero yo sé quién sabe. Oremos acerca de esto.”

Sandy: A menudo, el paciente no dice simplemente “¿Qué debería hacer?” sino más bien “¡Dígame qué tengo que hacer!” La mente humana está tan acostumbrada a buscar el camino fácil, que es que alguien le diga lo que debe hacer, para después simplemente hacerlo. Hacer esto efectivamente absuelve al individuo de cualquier responsabilidad por sus actos. Si el paciente viene al practicista esperando que el practicista haga todo el trabajo por él, y le diga lo que hacer, es la responsabilidad del practicista ayudarle entender, de una manera dulce pero clara, que hay una sola Mente, un solo poder, una sola influencia en el trabajo, y que no se trata de una mente humana trabajando para apoyar o cambiar otra mente humana. En vez de eso, el punto es elevar el pensamiento para discernir lo que Dios es, tal como tú dijiste, Judy, y así reconocer que el Divino esta desarrollando en la conciencia exactamente lo que necesitamos. Mientras el practicista hace esto, los pacientes son capaces de escuchar lo que Dios les dice, y de seguir el clarísimo camino y dirección trazados por Dios.

Judy: Además Sandy, a menudo la opinión humana puede ser incluso “¿Con qué versos de la Biblia debería trabajar?” O “¿Cómo debería estudiar?” No somos la fuente de inspiración para el estudio de la gente o para decirles como deben trabajar en su propia salvación. Pero si tanto el paciente como el practicista recurren a Dios, y el practicista está haciendo su trabajo metafísico, está lidiando con la interferencia mental que intenta impedirle a ambos escuchar la Palabra de Dios. Entonces el paciente recibirá la respuesta directamente de Dios, y tendrá una inspiración tan santa y preciosa, y tal sentido de dirección, que ellos saben es divino. Así su relación con Dios se vuelve más fuerte. Ahora tiene más claro cómo recurrir a Dios y escuchar su Palabra; ha desarrollado una relación más cercana con Dios, algo tan precioso con lo que ningún ser humano, ni siquiera el practicista, podría interferir. El practicista desea que la persona termine el tratamiento teniendo una relación más cercana con Dios, no más dependencia en el practicista.

Phil: Cuando he sido tentado de decirle a alguien lo que hacer, o aconsejarlo, más tarde muchas veces he descubierto que yo estaba equivocado.

Judy: Nos hace sentir humildes, ¿no?

Phil: Sí, y a pesar de que el objetivo ha estado ahí –que en su oración con Dios ellos tenían que encontrar su camino, la senda que el Padre prepara para cada uno de nosotros individualmente—no soy yo el que debe hallar una solución. Pero yo sé que Dios tiene un plan, y a través de la oración ese plan sale a la luz, y puede ser llevado a cabo en la vida de esa persona. Queremos estar seguros, como practicistas, de que somos parte de la solución, y no la fuente de interferencia.

Judy: La Sra. Eddy fue muy clara en Ciencia y Salud sobre este punto, es decir, que las opiniones no son parte de la práctica de la Ciencia Cristiana. Ella dijo: “La única Mente, Dios, no contiene opiniones mortales” (p. 399).

Al recurrir a Dios, no obtenemos una opinión mortal, tal como ¿debería el paciente casarse con tal persona o tomar aquel empleo? o hasta ¿debería el paciente ir al médico? Todas estas son opiniones humanas, de las cuales Dios no tiene ninguna. Por lo tanto, no son parte del tratamiento en la Ciencia Cristiana. La Sra. Eddy también dice: “La Ciencia [refiriéndose a la Ciencia Cristiana] no hace concesiones a personas u opiniones.” (Ciencia y Salud, p. 456). Por lo tanto, un practicista no es un guía pastoral, ni un consejero. El practicista está caminando con Dios, y también caminando con el paciente con Dios, pero las opiniones no son parte de esta práctica. Tengo que asegurarme de vaciar mi pensamiento de opiniones, porque tienden a bloquear la vista de lo Divino. Cuanto más nos liberamos a nosotros mismos de esta tendencia, más claro vemos a nuestro Padre, el cual no opina.

Phil: Me encanta esta corta cita sustanciosa sobre este punto: “En la Ciencia Cristiana la mera opinión no tiene valor.” (Ciencia y Salud, p. 341).

Judy: ¡Sí!

Sandy: El efecto de tomar decisiones por los demás, si hiciéramos esto, sería que después ellos tendrían el derecho de decir: “Usted me dijo que hiciera eso, y se equivocó, así que esto es su culpa, no la mía.” Y si les das un buen consejo, entonces, ¿a quién crees que van a recurrir la próxima vez que necesiten tomar una decisión? Van a volver a usted. No están ganando en conocimiento de sí mismos ni en responsabilidad. Bueno, eso sería una buena forma de hacer crecer la clientela, por así llamarla, seguidores personales, pero eso es exactamente la antítesis de lo que los practicistas tenemos que hacer. Refiriéndose a Jesús, la Sra. Eddy dijo: “Él hizo bien la obra de la vida, no sólo en justicia para consigo mismo, sino por misericordia para con los mortales—para enseñarles a hacerla ellos mismos pero no para hacerla por ellos ni para eximirlos de una sola responsabilidad.” (Ciencia y Salud, p. 18). Cada uno es responsable de su propia salvación. Esta es la meta hacia la cual la práctica de la Ciencia Cristiana realmente necesita desarrollarse.

Phil: Hay otro elemento a considerar en esto de sentirse atraído a atender un caso para dar consejos humanos. Creo que todos lo hemos sentido en nuestro corazón. Hay pacientes que están sufriendo. Hay individuos que simplemente están anhelando, buscando, y puedes darte cuenta de cuán intenso es su deseo, no solo de sanar, sino también de hallar un camino, una dirección, y recurren a usted. Esto le pasa a todo tipo de profesionales en el negocio de la salud. Pero creo que los practicistas de la Ciencia Cristiana necesitan estar especialmente alerta, para no ser arrastrados por la mera compasión humana, sino para confiar en el Amor que viene con inteligencia divina, sabiduría, y guía. Lo que tu dijiste hace un rato, Sandy, es muy cierto. Desde mi punto de vista, no es simplemente darle a un hombre un pescado para comer, sino enseñarle a pescar. Cada uno puede darse cuenta de que tiene acceso a Dios individualmente. Estos elementos nos ayudan a defendernos y nos guían, de manera que no somos impulsados simplemente a estar ahí por compasión hacia el individuo, sino para elevarlo hacia un sentido más alto desde el cual él pueda comprender que tiene una relación con Dios.

Sandy: Esta idea de que el practicista necesita estar atento a su propio sentimiento de pena o de involucrarse personalmente con un paciente puede tornarse muy específica cuando, por ejemplo, una persona mayor a la que ya no le queda familia le pregunta al practicista: “¿Puede ser mi apoderado para el cuidado de salud?” “¿Podría ser mi apoderado legal?“¿Puede ser el albacea de mi propiedad?” Y a menudo, nos rompe el corazón, porque nos damos cuenta de que aparentemente no hay nadie que pueda estar a cargo de ninguna de esas funciones. ¿Es apropiado que estemos a cargo de ese tipo de actividades?

Judy: Si estamos recurriendo a Dios en oración, siempre hay una solución para que este individuo encuentre la persona apropiada que pueda hacer estas cosas por él, pero no es el rol o actividad natural del practicista. Yo lo pongo al nivel que creo que Jesús sintió cuando dio la Regla de Oro. Queremos ser vistos como hijos espirituales de Dios, perfectos y sanos, y consecuentemente vemos a los demás como quisiéramos ser vistos—¡sanos, espiritualmente completos! Cuando alguien llama a un practicista para pedirle ayuda, lo que realmente están diciendo es: “Quiero ser visto en mi verdadera luz, como la creación espiritual y perfecta de Dios.” Aun cuando la situación humana pueda ser un problema específico, tal como “necesito un apoderado,” o “no puedo cuidar de mí mismo de forma apropiada, podría venir y ayudarme?” –si estamos practicando la verdadera Regla de Oro vamos a verlos como a ellos les gustaría ser vistos, como una idea de Dios espiritual, pura, y perfecta, amada y cuidada por Dios. Y el poder de Dios estará presente para satisfacer esa necesidad de una manera sanadora y adecuada para el individuo, sin que el practicista se meta en el sueño humano, el cuadro humano. Porque no puedes romper un sueño si estas dentro de él, soñando el mismo sueño que el paciente. Alguien tiene que mantenerse despierto y despertar al individuo que está soñando, en vez de meterse en el sueño y tratar de arreglarlo humanamente. El practicista se mantiene despierto a lo Divino, y viendo al paciente como ya despierto, respondiendo y siendo receptivo a Dios. De esa forma vemos la evidencia de que en efecto, la persona ya está despierta, respondiendo a y siendo sanada por Dios, no por nuestros buenos esfuerzos humanos.

Phil: He aprendido a preguntarme: “¿Por qué no estoy esperando que la oración resuelva este problema totalmente? Hace algún tiempo, un paciente me llamó temprano en la mañana. Esta persona había sufrido algunos problemas graves, y en ese entonces tenía tres hijos pequeños, y la familia se estaba desmoronando. Parecía que había cosas específicas que se debían hacer esa mañana para ayudar a los niños, ayudar a la familia. Esta persona no me estaba llamando para que hiciera eso, me estaba llamando para que yo orara. Pero yo sentía que como amigo, “¿Debía ofrecer ayuda?” Tuve que sentarme y decir: “¿Qué es lo que ella más necesita? Ella necesita saber que cuenta con la ayuda de Dios ahora mismo, en cada una de las cosas que necesita hacer. Todas vinieron por medio de la oración, y eso me enseñó una importante lección. Hemos sido llamados para ser practicistas de la Ciencia Cristiana para ver que la oración es la herramienta más efectiva, siempre.

Judy: Puede haber ocasiones en las que vamos directamente a donde está el caso, al hogar de alguien, y oramos con ellos. Una vez una amiga tuvo un terrible accidente y fue llevada a un hospital muy cerca de mi casa, y quería ayuda en la Ciencia Cristiana por medio de la oración. Fui a la sala de emergencia y me senté a su lado y oré hasta que ella tuvo la fuerza de levantarse por sí misma y declarar que estaba lo suficientemente bien como para ir de vuelta a su casa sin ayuda médica. Esa fue una situación inusual, pero hay muchas veces en las que vamos para estar al lado de alguien, y orar con esa persona. Cada situación es única e individual.

Phil: Pero durante la visita al hospital, no estabas tratando de convertirte en un trabajador social, ni actuando como una amiga personal. Fuiste ahí a orar. Me encanta visitar a mis pacientes, pero siempre actuando de esa manera, ¿No es cierto?

Judy: Exactamente. El pensamiento que me vino en ese momento fue: “Haz con los demás como quieres que ellos hagan contigo.” ¿No me gustaría a mí tener conmigo a alguien que sé es un Científico Cristiano, trabajando metafísicamente conmigo en una situación así? Y entonces fui al hospital, y oré, y cuando ella estuvo lo suficientemente fuerte, tomó sus propias decisiones y resolvió que iba a confiar solamente en la Ciencia Cristiana. Ella informó a los doctores de su decisión, y tuvo una maravillosa curación que los doctores fueron vieron y testificaron. No tuvieron la oportunidad de hacer el tratamiento médico que habían querido hacer por ella. Ha habido otras ocasiones en que personas han sido llevadas a ese mismo hospital, me han llamado, pero yo no he sentido la necesidad de estar allí con ellos, sino que sentí que podía orar desde donde yo estaba. Cada caso lo llevamos a Dios, y Él nos dice lo que se debe hacer.

Sandy: Antes de que dejemos este punto acerca del involucrarse en los asuntos personales de los pacientes, hay una regla ética que el Apóstol Pablo nos deja en sus escritos. El dice, “Abstente de toda apariencia de mal.” (1 Tes.5:22, según la versión King James) Esto es algo de lo cual debemos estar concientes y alertas. Ante los ojos del público, los miembros de la familia y las personas cercanas al paciente, cuando un practicista acepta ser apoderado o encargado de la salud de un paciente, esto aparenta ser un mecanismo de control para obtener algún provecho de las circunstancias, posiblemente algún rédito financiero. Un paciente tiene el derecho de esperar del practicista que él esté alerta a estas cuestiones que pueden producir desacuerdos o preocupación y traer más dificultades al caso, en vez de menos.

Phil: Lo que tú estás describiendo es lo que, al menos, parece tener la apariencia de un desafío ético, un conflicto de intereses.

Sandy: Sí, y evitar “la apariencia del mal,” estar alertas a lo que estamos haciendo y a sus efectos, es absolutamente vital. Volviendo a la idea de las visitas a los hogares de los pacientes, tú dijiste algo importante Phil, cuando usaste el termino “trabajador social”. La mayoría de los practicista tienen un gran corazón, tienen un deseo tan grande de bendecir y servir al prójimo, que harían literalmente cualquier cosa por ayudar. Sin embargo, en una relación profesional entre practicista y paciente, la demanda es la de estar muy conscientes de que el rol del practicista no es el rol de un trabajador social, o simplemente de hacer el bien, sino más bien el de demostrar a través de la oración el hecho de que la Mente única lo gobierna todo y está cuidando de toda necesidad, y de que estamos capacitados para ver este hecho demostrado en el caso. Pero esto no quiere decir, como tú dijiste, Phil, que no vayamos a visitar a los pacientes. A veces visitar al paciente con el fin de discernir la atmósfera de pensamiento que rodea al paciente y así ser capaces de ser claros en nuestro trabajo metafísico, es algo que ayuda mucho.

Phil: La practica de la curación de un practicista de la Ciencia Cristiana es pública, y como tal, cuando damos pasos para tener una práctica más pública, tenemos que estar alertas y conscientes de que no todo el mundo, de hecho muy pocos, entienden lo que hace un practicista de la Ciencia Cristiana. Puede que nos asemejen a un modelo médico, o algún otro modelo profesional de cuidado de la salud y puede que no se den cuenta del carácter y posición únicos de un practicista de la Ciencia Cristiana. Espero que todos los practicistas de la Ciencia Cristiana se estén volviendo más accesibles al público, pero en cuanto lo hacemos, tenemos que estar atentos a las apariencias, a cómo nos ve el público. Así, por importante que sea el visitar al paciente, cuando lo hagamos hemos de estar muy conscientes de no meternos en otros roles o modelos. ¿Somos percibidos como si estuviéramos en algún otro rol diferente al del practicista de la Ciencia Cristiana, que provee oración?

Sandy: En casos que involucran niños, es importante hacerle saber al público y a la familia cuán profundamente nos preocupa el bienestar del niño. Y hacemos visitas en estos casos, incluso visitas regulares, si es necesario. No solamente para ver qué es lo que ocurre en la atmósfera de la casa que necesite ser tomado en cuenta en oración, sino también para hacerles ver a los padres y al público que estamos cuidando del paciente.

Phil: Por supuesto, en todos los casos estamos a la expectativa de una curación inmediata, pero con los niños tenemos que esperar y demandar que la curación sea “rápida y completa” (Manual de la Iglesia, página 92).

Judy: A mi me ayuda mucho hablar con los miembros de la familia, por teléfono o en una visita a la casa, pero especialmente cuando uno de los padres practica la Ciencia Cristiana y el otro no. A mí me gusta hablar con quien no es Científico Cristiano para responder cualquier pregunta o preocupación, para confirmar que tiene el mismo derecho de cuidar a su niño, y si siente que el tratamiento médico es el bien mayor, hacerle saber que puede tomar este curso libremente. Un niño es el niño de ambos padres, y cada padre tiene el derecho de determinar qué es lo mejor para el bienestar del niño. Muchas veces cuando hablo con el padre al cual tal vez le gustaría tomar el camino médico, le aseguro a él o a ella que tiene todo el derecho de hacer esto y que voy a seguir orando con el padre que elige la oración; siento que hay paz y unidad y una sensación de que estamos trabajando todos juntos. Una vez que el miedo de perder el control es manejado, la curación se produce de la noche a la mañana. Si un padre preocupado dice: “¿Le importaría si llevo el niño a la sala de emergencias o al médico?”, y yo le digo: “Esta no es mi decisión sino la suya. Haga lo que sienta que debe hacer”, en ese momento el miedo desaparece y yo continúo orando con el otro padre, y hemos visto curaciones en el camino a la sala de emergencias, algunas hasta documentadas por médicos en aquel momento. Y hemos visto a algunos de estos padres comenzar el estudio de la Ciencia Cristiana, leer Ciencia y Salud, o por lo menos apoyar al padre que es Científico Cristiano mientras resuelven otros problemas en la familia. Se trata de amar a toda la familia y de incluir a todos en esta oración.

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